El imperativo de la reforma económica en Cuba
¿Cabe la reforma económica en el concepto de “cambiar todo lo que debe ser cambiado”? ¿Son caminos excluyentes? ¿La reforma salva o destruye el socialismo cubano?
Otra vez resuenan las voces que abogan por la reforma económica en Cuba. A la vez, otras se levantan para descalificarla o, simplemente, renegar de su necesidad. Todo ocurre durante la crisis económica y social más grave del periodo revolucionario, mientras Estados Unidos endurece su guerra económica, que tras el secuestro de Nicolás Maduro amenaza con un impedir la entrada de las pocas fuentes de combustible que quedan.
Pero ¿qué es exactamente la reforma económica? No es simplemente un cambio o una corrección. Aunque son conceptos que comparten la idea de modificar una situación existente, difieren en profundidad, alcance y dirección.
Reformar la economía implica rediseñar intencionalmente sus reglas de juego mediante un abanico coordinado de políticas e instituciones, para romper inercias estructurales y facilitar un crecimiento estable y duradero.
¿Suena bien, no? Entonces, ¿por qué genera tanto respaldo como resistencia?
Como el debate alrededor de ellas, las reformas económicas en el periodo revolucionario no son nuevas. Por solo mencionar algunos ejemplos:
La reforma fue ambiciosa, pero su implementación enfrentó tempranamente resistencia, lentitud y contramarchas. La postergación de cambios clave como la unificación monetaria, la transformación de la empresa estatal o la ampliación del sector privado, junto a las contradicciones propias del cambio, terminaron por frenar este intento de perfeccionar el socialismo cubano. El concepto de la “actualización”, omnipresente en las políticas, discursos y medios, desapareció.
Hay diferencias sustanciales en los cuatro ejemplos anteriores. Las reformas agrarias fueron parciales, enfocadas en un sector. Se implementaron para desmantelar el modelo prerrevolucionario en el campo, sustentado en la dominación del capital privado estadounidense. Fueron la respuesta natural y lógica de su momento histórico. Junto a otras medidas en los primeros tres años de la Revolución, sentaron las bases del sistema socialista.
Por su parte, las reformas de los noventa y el intento de reforma de la década pasada tuvieron una profundidad y alcance mayores. Abarcaron diversos sectores económicos y apuntaron al cambio estructural del modelo. Comparten una cualidad fundamental: se realizaron con el sistema socialista en el poder. Su objetivo no era desmontarlo, sino perfeccionarlo para garantizar su preservación.
Las reformas económicas tampoco son extrañas en otras experiencias socialistas. ¿Qué es, si no, la Reforma y Apertura que conduce la política económica de China? Gracias a ella, en medio siglo el gigante asiático ha sacado a 800 millones de personas de la pobreza y ha convertido a China en la segunda economía mundial, superando a Europa y Japón y compitiendo frontalmente con Estados Unidos.
¿Qué es, si no, la Renovación vietnamita (Doi Moi)? Una reforma que transformó a un país subdesarrollado y en guerra en un exportador mundial de arroz, café y........
