La estrategia de Trump, en la disputa global
Al parecer, el presidente de Estados Unidos (EEUU), Donald Trump, ha aprendido tanto de sus aliados, como de sus adversarios. De Netanyahu, por ejemplo, aprendió que la mejor táctica para burlar los problemas legales y políticos internos, es huir hacia adelante, utilizando para ello la política exterior. De Maduro aprendió a ignorar las elecciones, por lo que pidió sean suspendidas las elecciones de medio término previstas para fin de año y de Putin aprendió a ignorar al Poder Judicial y las resoluciones que éste pudiera emitir.
Con todo, la administración de Trump ha dado muestras de diseñar una estrategia capaz de debilitar el universo de aliados de sus principales adversarios: China y Rusia. Lo llamativo es que esta estrategia, hasta ahora, ha funcionado en base a endebles argumentos e iracundas amenazas. En palabras del desaparecido escritor boliviano, Víctor Hugo Viscarra (una suerte de Bukovski andino), todo se reduce a “laburar el susto”; o sea a la intimidación.
En la actual fase del proceso de disputa por la orientación del reordenamiento global, la detención del narco-dictador venezolano, Nicolás Maduro, representó en alguna medida una acción distractiva, dentro del gran tablero global. Es cierto que la jugada de la Casa Blanca, además, tuvo la ventaja de servir de advertencia a adversarios. Más allá del rol de peón cumplido por Maduro en la disputa global, tras ambas consideraciones (la disputa y la detención), se esconde una estrategia clara por su simplicidad. Para rastrear en ella algunos indicadores es conveniente observar ambas consideraciones por separado.
Motivado por los compromisos adquiridos con los sectores oligárquicos norteamericanos más reaccionarios y supremacistas que le ayudaron a llegar al gobierno, la política exterior de Trump no se cansa de arremeter en contra de la diplomacia y el derecho internacional. Esta arremetida revela que el soporte con el que Trump cuenta no se limita a la oligarquía local. Por intermedio de ésta, se amplía a todos los grupos de poder a nivel global, tan reaccionarios y propensos al autoritarismo como el presidente de EEUU. Estos grupos, representativos de capitales principalmente provenientes del petróleo y moviendo, cual títeres, a jerarcas del fútbol mundial, han tenido la desfachatez de distinguir a Trump como hombre de “paz”, aprovechando un evento de la FIFA. No se trató de ninguna novedad, ya que similar torpe instrumentalización política del deporte hizo en su momento Hitler.
En lo inmediato, la........
