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Una muerte digna

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24.01.2026

Somos muy “humanos” ¿verdad? Somos cariñosos, piadosos y compasivos… con los animales. Si un perro, un gato o un caballo ya está viejo o enfermo, lo hacemos “dormir” porque somos personas clementes que nos identificamos con el sufrimiento de los animales. Qué bien. 

Pero si se trata de seres humanos, somos crueles. Si familiares o amigos tienen enfermedades irreversibles y/o han perdido las ganas de vivir, no les mostramos la misma compasión que sentimos por los animales. Por el contrario, dejamos que sufran hasta el final, con los cuerpos reducidos a su mínima expresión, prostrados en cama durante meses o años, atravesados con agujas, entubados, o con máscaras de oxígeno. 

No los dejamos descansar en paz, no los dejamos “dormir” como hacemos compasivamente con los animales, aunque ellos mismos hayan manifestado su deseo de que los dejen en paz, de que dejen de torturarlos con medicinas y agujas, alimentados a la fuerza como pavos de engorde. Reducidos a piel y huesos y sin ninguna posibilidad médica de recuperar aquello que fueron en vida, preferimos castigarlos hasta su última hora, matarlos lentamente, sabiendo perfectamente que no existe la posibilidad de que se recuperen con un mínimo de calidad de vida. Somos crueles verdugos controlados por una sociedad conservadora e hipócrita. 

¿Eso es “humanidad”? ¿Eso es ser compasivos con otros seres humanos, con nuestros seres queridos más próximos? No lo creo. Eso es ser despiadados aliados de un concepto errado de la existencia. Eso es apropiarse de los últimos soplos de vida de personas que ya no pueden defenderse de quienes los rodean. 

Peor aún, esa deshumanización con los seres humanos es también un gran negocio en clínicas que lucran con el sufrimiento de enfermos terminales y con el dolor de la familia y de los amigos. Eso no es justo, eso tiene que cambiar como está cambiando rápidamente en los países civilizados. Queda claro que nosotros no entramos aun en esa categoría. 

En 2024 perdí varios amigos. Su final no fue el que desearíamos para nosotros mismos si estuviéramos en su situación. Para ellos fue un final penoso y largo, una tortura administrada por los médicos con la complicidad de familiares. Estos amigos murieron al final con amargura, conscientes de que no habían sido apoyados por sus familiares más cercanos. Uno de ellos cerraba la boca para que no le introdujeran alimentos, porque prefería morir de hambre. El otro se arrancaba las agujas del suero. Ambos gritaban: “¡Déjenme morir!” Era un ruego que no fue atendido. 

¿Qué tienen en común el ex primer ministro neerlandés Dries van Agt y Jean Luc Godard, ícono del cine francés y fundador de la Nouvelle Vague? Ambos decidieron cuándo y cómo deberían irse de este mundo, Dries van Agt junto a su esposa, ambos de 93 años de edad, y Godard a los 91 años. Y la........

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