El auto azul
Hace una semana disfrutaba una mañana de domingo tranquila, con pocos vehículos en la avenida Ballivián, por la falta de carburante debido a los bloqueos que han aislado a La Paz. En estos tiempos de incertidumbre, las largas filas de autos en espera del milagro de la gasolina y las calles vacías le dan a la ciudad un aire de pandemia. Quedarse en casa es una necesidad con cara de recompensa.
De pronto, un gran estruendo me hizo asomarme a la ventana de mi escritorio: un auto azul había chocado violentamente contra un poste de madera frente al edificio, y lo había arrancado de cuajo. El poste quedó colgando de la maraña de cables (a los que nos han acostumbrado las empresas que destrozan impunemente nuestro paisaje urbano, sin control alguno). El carro estaba destrozado, había rebotado hasta la mitad de la avenida, desde donde algunos transeúntes ayudaron a empujarlo hasta una calle lateral.
El conductor estaría borracho o drogado, pues no había motivo para que su velocidad excesiva produjera semejante daño a la propiedad pública.
Me acerqué al lugar para ver si llegaba la policía, pero no había nadie. Los dueños del vehículo se habían esfumado, dejando el auto azul en la calle. De regreso a mi escritorio, estuve pendiente durante el día, pero no apareció ni un solo policía, a pesar de que el Comando Policial de la Zona Sur se encuentra a escasas tres cuadras. Llamé al 110 (ingenuamente) pero por supuesto nadie respondió. El........
