Carbonilla
Como si fuéramos niños de primaria hemos descubierto una nueva palabra que usamos en nuestro lenguaje cotidiano. Desde su origen es una palabra oscura, que mancha. Debe ser una de las palabras más usadas en los últimos meses, está en boca de todos los bolivianos. Es una palabra que se mete en todas las conversaciones. Nos hemos vuelto expertos en ella, incluso los que nunca sacamos nuestro Rolls Royce del garaje y preferimos tomar el teleférico o el PumaKatari.
Es una palabra que hace renegar a los conductores y enriquece a los mecánicos de automóviles, mientras el Estado parece mirar expectante, sin tomar acciones definitivas, como si se tratara de una nube negra que va a pasar por sí sola. Mientras tanto, hay presunciones de “sabotaje” para cargar la culpa sobre anteriores gestiones. Si es cierto, ya debería haber bastantes presos, y no solamente el conductor de una cisterna.
Desde el inicio del problema traté de ponerme en el lugar del gobierno y de los conductores (algo de empatía), y me preguntaba qué estaban esperando las autoridades de la ANH, de YPFB y del ministerio de Hidrocarburos (una frondosa burocracia), para empezar a limpiar el fondo de los grandes depósitos de almacenamiento (Senkata y otros del eje central), las cisternas “certificadas” que se usan para transportar el carburante, y cada uno de los depósitos de los surtidores. Sin ser experto, me parecía lógico que mientras hubiera carbonilla en la cadena de abastecimiento, seguiría afectando a los transportistas y propietarios privados.
Era obvio que había que empezar por ahí para no trasladar el problema a los usuarios. Sin embargo, el gobierno anunciaba medidas paliativas bastante ridículas y blanco de críticas: aumentar a la gasolina importada mayor cantidad de etanol (sobre el límite técnicamente establecido) o añadir aditivos para suavizar las partículas de carbonilla.
Leí que el nuevo presidente de YPFB, recién el 27 de abril, anunció un “sistema de control integral” con el objetivo de supervisar “toda la cadena de abastecimiento”, desde la recepción de los barcos hasta la entrega a los surtidores. No dice nada de la limpieza de los depósitos, de manera que tendremos carbonilla para rato. Con declaraciones de buenas intenciones no vamos lejos. Como dice el adagio: “el camino al infierno está empedrado de buenas intenciones”. El día que veamos un surtidor cerrado por una semana para........
