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Antonio y Antonio

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07.02.2026

A medida que la vida avanza la sensibilidad se hace más porosa que la razón —cuyas raíces se topan con la arena del tiempo debajo del suelo fértil. Sentir las emociones a flor de piel y poder expresarlas se convierte en un privilegio de quienes han vivido una vida plena. Es bueno dejar que la esencia de humanidad nos cubra con su manto de dignidad. Al fin y al cabo, para qué vivimos si no es para dejar un legado visionario de valores humanos. 

Esto es algo que no entenderán los que viven del cálculo oportunista, del engaño premeditado, de la traición a los amigos y de la inversión de valores, con las mil excusas que pueden encontrar, coartadas para justificar trayectorias torcidas, guiadas por la ambición de poder y de los privilegios efímeros que proporciona. 

El jueves 5 de febrero me hice estas reflexiones a raíz de una feliz coincidencia que me tocó vivir. La cámara de diputados rindió homenajes a dos queridos amigos, Antonio Eguino y Antonio Araníbar. Al primero en la mañana y al segundo en la tarde, en el nuevo edificio de la Asamblea Legislativa (un hormiguero donde “trabajan” menos del 20% de los “padres y madres de la patria”), curiosamente en el mismo auditorio que lleva el nombre de Salón de Interpelaciones, que para el común de los mortales —como yo, y otros que nos hicimos la misma reflexión, suena a cámara de torturas. 

Antonio Eguino y Antonio Araníbar son amigos entrañables por razones diferentes y a la vez concurrentes, por ello me parece apropiado referirme a ellos en un mismo texto, a partir de la coincidencia de la fecha de los homenajes que ambos recibieron no solamente de los diputados que acogieron la iniciativa y la impulsaron, sino de la multitud de amigos que los rodearon y acompañaron en ambos actos. 

Antonio y Antonio son personas de talento e integridad que han contribuido al país durante más de 60 años, uno desde la actividad cinematográfica y el otro desde la política. Ambos tuvieron la oportunidad de ser servidores públicos en diferentes niveles y áreas del Estado, y ambos se caracterizaron siempre por su honradez, su honestidad, su ética y su compromiso con el país. Ninguno se enriqueció, ni dentro ni fuera del Estado, sino que se dedicaron con absoluta idoneidad a trabajar por el bien de Bolivia, sin otra ambición que la de servir. Eso, entre otras cosas, tienen en común: integridad, lealtad, honestidad, ética y compromiso.

Y esto es importante decirlo para las nuevas generaciones que durante los 20 años nefastos del MAS dejaron de comprender los valores, tal como los entendíamos en el siglo pasado. Al joven que tenía 10 años de edad en 2006 —cuando el MAS subió al poder— y que ahora tienen 30 años, le ha sido imposible conocer otra........

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