¿Y si es la hora de la III República?
Fue el poeta surrealista René Char quien, a mediados del siglo XX, escribió que nuestra herencia no está precedida por ningún testamento. Este aforismo ayudó a Hannah Arendt a formular que la tradición, en este caso el testamento de la historia, tiene como función principal proporcionar respuestas a todas las preguntas encauzándolas según categorías predeterminadas, es decir, entrega por derecho las verdades del pasado al futuro. Desde un punto de vista histórico, tratados, acuerdos, cartas magnas… son los que legitiman y oficializan la violencia que ha posibilitado que sean unos y no otros quienes ejerzan el poder absoluto. Absurdo. No son más que simples valijas diplomáticas que transcriben ajustes confeccionados con la intención de permanecer eternamente en el poder a los vencedores, determinando motu propio el fin del progreso en las vidas venideras. Ese es el testamento de la tradición al que se refiere el poeta surrealista: un legado permanente que confirma a la violencia como partera de la historia. Lo que los vencedores no prevén es que las directrices recibidas a través de la herencia de la tradición nunca son definitivas en su permanencia, pues olvidan que transmitir nunca ha significado conservar intacto el pasado. Por ello, cada generación debe decidir qué considera mantener y qué nuevas respuestas transformadoras deben surgir. Esto implica alterar la geografía de los hábitos heredados para........
