Cooperativismo y empresa humanista
El pasado 31.12 finalizaba el denominado Año Internacional de las cooperativas 2025, instaurado por la ONU para resaltar el papel crucial de dichas empresas en el desarrollo económico y social, destacando su contribución a soluciones inclusivas y sostenibles en las dimensiones social, económica y ambiental, aplaudiendo así a una fórmula asociativa a la que pertenecen más de 700 millones de personas en todo el mundo.
Su finalización, sin embargo, no supone sino un punto y seguido para los cooperativistas no sólo para la promoción de nuevas iniciativas cooperativas sino también para inocular sus valores humanistas en el resto de la sociedad. Practicando el lema de Arizmendiarrieta, que hemos adaptado para definir nuestro Propósito en nuestra actividad social, de Humanizar la empresa para humanizar la sociedad.
Digamos de entrada que para nosotros el cooperativismo es un humanismo y no una mera fórmula jurídica. Efectivamente, el movimiento cooperativo, más allá de su dimensión económica, encarna una propuesta ética y social que encuentra fundamentos profundos en el humanismo. Particularmente, sus principios muestran claras coincidencias con el humanismo cristiano, corriente que reconoce en cada persona una igual dignidad humana.
Los siete principios cooperativos –adhesión voluntaria, control democrático, participación económica, autonomía, educación, cooperación intercooperativa y compromiso con la comunidad–, por su parte, reflejan una visión del desarrollo humano integral que es compartida por el humanismo cristiano, que propone “una economía que tenga en cuenta la dignidad de cada persona humana y el bien común”.
Pero, por otro lado, el reconocimiento legal y la forma en que están reguladas las cooperativas en los distintos países del mundo, varía considerablemente. Algunas naciones tienen leyes específicas, mientras que otras las incluyen dentro de........
