El modelo cooperativo, ese desconocido
Dice el expresidente de la Corporación Mondragon, Xabier Sotil, en la entrevista que hoy, publica NOTICIAS DE GIPUZKOA, que existe un desconocimiento social en este país, sobre lo que es el modelo cooperativo, reconociendo que igual ha podido existir una cierta falta de pedagogía hacia el exterior, pero que también, al mismo tiempo, no ha habido por parte de la sociedad, sobre todo en el mundo académico y formativo, el esfuerzo necesario por conocer y entender este modelo socioeconómico.
Y tiene razón, porque en términos generales en este país existe un gran desconocimiento sobre el modelo cooperativo, en donde las personas se sitúan en el centro y eje del proyecto empresarial como palanca de transformación social a través del reparto de la riqueza, la generación de empleo, la intercooperación y la solidaridad con un compromiso de arraigo en el territorio y de legado a las generaciones venideras.
Esto es lo que se llama la ideología cooperativa con unos valores que, a pesar de ese desconocimiento general que puede existir, han transcendido al propio mundo cooperativo para permear en el mundo de las empresas de capital, es decir, las compañías anónimas o limitadas, o en la propia administración en su relación con los ciudadanos, a través de la constitución de plataformas participativas. El cooperativismo no es una formar de crear y desarrollar empresas, sino una forma de entender la economía al servicio de las personas.
La participación de los trabajadores en la gestión y resultados de las empresas, que tan desarrollada está en Gipuzkoa -debido a que su tejido empresarial está formado, fundamentalmente, por pymes-, es un principio cuyo origen está en el movimiento cooperativo, aunque se queda en ese estadio y no tiene presencia y desarrollo en la propiedad de las compañías. Sin embargo, hay excepciones también entre las empresas de capital. El más paradigmático es el de una importante compañía cotizada y con un gran peso en la economía vasca y guipuzcoana, en la que sus trabajadores participan en el capital y controlan el 23,35% del mismo.
El modelo cooperativo, en donde la Corporación Mondragon es el máximo exponente, ha sido un elemento fundamental a la hora de generar bienestar y cohesión social. Debagoiena, que es la comarca que cuenta con un 41,7% del empleo cooperativo de Euskadi, tiene una renta media anual es de 22.710 euros, lo que le coloca en el liderazgo de las comarcas vascas, y tiene el menor porcentaje de personas en riesgo de pobreza con un 11,8%, según datos de Koop Behatokia, un instrumento impulsado por el Consejo Superior de Cooperativas de Euskadi (Kooperatiben Kontseilua) en colaboración de Orkestra-Instituto Vasco de Competitividad, y que ha sido presentado públicamente hace unas semanas. También existen otros indicadores como la alta participación de la mujer, donde de las 56.464 personas empleadas en las cooperativas vascas, el 47,3% son mujeres.
En lo que se refiere a la innovación, el porcentaje de cooperativas que realizan actividades de I+D es de un 6,2%, claramente superior al de las empresas de capital en los mismos sectores y tamaños que alcanza el 0,9%. Es significativo destacar el peso industrial de las cooperativas vascas donde existen nueve “campeones ocultos”, es decir, empresas que son líderes mundiales en nichos de productos estratégicos desconocidos por el gran público, altamente especializadas y fuertemente internacionalizadas.
Por no hablar del arraigo de las empresas con el territorio, que parece que se ha descubierto ahora, a raíz de tres operaciones de rescate de empresas vascas en manos de fondos de capital riesgo, cuando es una característica que forma parte del ADN de las cooperativas, ya que su actividad y desarrollo tanto presentes como futuros forman el legado que los socios trabajadores deben dejar a las siguientes generaciones y con ello perpetuar los valores cooperativos.
De la misma forma, que la propia estructura societaria de las cooperativas hace imposible que pueda entrar capital externo al de los propios socios trabajadores, con lo que sin miedo a errar se puede decir que la composición de su capital es totalmente oriunda, algo que no sucede en numerosos casos de empresas anónimas vascas y, mucho menos, en las cotizadas.
El componente cooperativo también juega a favor de un factor de distorsión en muchas empresas de este país, que en algunos casos alcanza el 18 y 20% de la plantilla, como es el absentismo laboral. En una de las grandes empresas dedicada a la fabricación de máquina-herramienta, que es cooperativa, la tasa se sitúa en un 5,5% anual muy por debajo del sector. La causa de este bajo porcentaje se debe a “nuestro carácter cooperativo que fomenta el compromiso y la implicación y también a otras ventajas internas como el de contar con un servicio médico propio”, según han afirmado responsables de esta compañía.
Sorprende que este modelo singular que es el cooperativismo vasco sea poco conocido en nuestro país, cuando es un referente internacional hasta el punto de que el centro de formación cooperativa de Otalora es un centro de peregrinaje de personas de todos los países del mundo, fundamentalmente de Sudamérica, que se acercan a Mondragon para conocer de primera mano la experiencia cooperativa y tratar de implantarla en sus lugares de origen, donde las desigualdades sociales pueden ser importantes. Es tal el ejemplo que supone Mondragon en algunos países, que en Corea del Sur han traducido al coreano los pensamientos y las reflexiones del fundador del movimiento cooperativo, el sacerdote José María Arizmendiarrieta, del que este año se conmemora el 50 aniversario de su fallecimiento.
El atractivo de Mondragon en el mundo también concita el interés de grandes economistas como el premio Nobel de Economía, Joseph Stiglitz, quien afirmó, en una reflexión sobre los nuevos desafíos que debe acometer la sociedad, realizada durante una intervención en un foro cooperativo, que los factores claves para construir un mundo mejor son pensar en el largo plazo e innovar a base de colaboración. “Factores en los que el cooperativismo tiene una amplia experiencia”, concluyó.
De la misma forma, también hay que poner de relieve la larga relación que desde hace varias décadas mantienen las cooperativas de Mondragon con China y que puede ser muy importante y valiosa desde el punto de vista estratégico, debido al nuevo contexto geopolítico en el que nos encontramos y la irrupción de un nuevo orden mundial donde los ejes de desarrollo económico global se están desplazando hacía Asía.
En este sentido, es importante subrayar las manifestaciones del embajador de China en España, Yao Jing, que durante su intervención por video en un encuentro cooperativo celebrado hace unos meses, manifestó que “China presta especial atención a Mondragon por la singularidad de su modelo y porque es un grupo muy homogéneo, bien conectado mundialmente y con un buen nivel de desarrollo tecnológico”. Unas palabras que son importantes para acometer con éxito el plan que ha diseñado la Corporación Mondragon para este año con el fin de afrontar los desafíos de lo que denomina la “nueva China”.
Llama la atención que cuando el cooperativismo se conoce y se estudia en el extranjero como un fenómeno socioeconómico único susceptible de ser aplicado en otros países con diferentes peculiaridades a las nuestras, en casa sea considerado como un ecosistema singular y propio de una determinada comarca, sin que fuera de ese ámbito exista interés por conocerlo y entenderlo, sobre todo, entre los jóvenes que pueden manifestar unos valores coincidentes con los del modelo cooperativo.
Y todo ello, en un contexto político y económico como el que estamos viviendo, donde las desigualdades sociales son cada vez más crecientes. De esas nuevas generaciones dependerá que el cooperativismo se adapte a las nuevas realidades y se reinvente como lo ha hecho hasta ahora, gracias a su gran capacidad de resiliencia, para seguir generando bienestar y cohesión social. Como decía Arizmendiarrieta: “El mundo no se nos ha dado para contemplarlo, sino para transformarlo”.
