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Me invadió la tristeza, no lo niego…

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Me invadió la tristeza, no lo niego… Por esas cosas de la vida que uno no sabe explicar, llegaron a mi mente recuerdos de mi infancia. Recordé la casa de mi niñez con sus baldosas de colores: verdes, rojas y amarillas.

Hoy, todos los pisos son de un solo color, como los carros, todos son grises; parece que se acabaron los colores. También recordé la sopa de arroz con patas de gallina que hacía mi madre, los frijoles y las arepas redondas.

Vino a mi mente la escuela, el viejo pupitre de madera de dos puestos donde nos sentábamos con un compañerito; imposible negar la tristeza que sentí al recordar a mis amigos y los paseos escolares. La escuela contrataba buses y nos llevaban a un centro vacacional y recreativo muy conocido en la ciudad —Comfama—. Ir a Girardota o Rionegro era algo inolvidable; para nosotros eran paseos a tierras lejanas.

La noche anterior no dormíamos añorando la hora de salida, mi madre nos preparaba el fiambre para el viaje; arroz, huevo cocido, tajadas de plátano maduro, un migado de papa con hogao, y algunas veces, espaguetis. Ah, y nos empacaba una naranja y un limón para el mareo. Éramos tan felices, disfrutábamos los paseos de la escuela, en la cuadra jugando con los amigos, en la casa viendo caricaturas en un televisor a blanco y negro. Recordando mi felicidad, me invadió la tristeza.

Me senté frente al computador........

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