Westcol: mucho ruido, poca claridad electoral
Las entrevistas de Westcol a Gustavo Petro, el 26 de marzo, y a Álvaro Uribe, el 10 de mayo, no deben analizarse únicamente como episodios virales de Internet. En un país que se aproxima a una elección presidencial, con una ciudadanía saturada de propaganda, polarización y desconfianza, esos encuentros adquieren inevitablemente una dimensión política. No son simples conversaciones de entretenimiento: son actos de comunicación con capacidad de incidir en la conversación pública.
Westcol tiene una audiencia enorme, especialmente joven. Ese hecho, por sí solo, no puede calificarse de negativo. Al contrario: que nuevas generaciones se acerquen a la política por canales distintos a los medios tradicionales suelen ser saludable para la democracia. El problema aparece cuando espacios de semejante alcance carecen de propósito claro, metodología mínima e intención pedagógica visible. Una entrevista con un presidente en ejercicio o con un expresidente determinante en la historia reciente del país no puede quedarse en la anécdota, en el momento viral o en una frase para TikTok.
La pregunta central es sencilla: ¿para qué fueron esas entrevistas?
Si el propósito era acercar la política a los jóvenes, faltó estructura. Si era contrastar visiones de país, faltó método. Si era permitir que cada figura se explicara ante una audiencia distinta, faltaron mejores preguntas, repreguntas y confrontación de ideas. Y si el propósito era incidir en el clima electoral, entonces el asunto es mucho más delicado y debería discutirse con mayor........
