La cláusula antibalas
La cláusula antibalas
El gasto en defensa, tan olvidado en España, puede acabar siendo la mejor defensa de la imagen fiscal de un Gobierno pacifista.
Durante años, España trató la defensa como una antigualla presupuestaria: algo necesario para desfilar, incómodo para debatir y siempre aplazable a la hora de pagar. La defensa era eso que hacían otros mientras nosotros disfrutábamos de los dividendos morales de no mancharnos demasiado las manos con asuntos desagradables. Pero la Historia, que tiene la mala costumbre de no pedir permiso al Consejo de Ministros, ha vuelto a recordar que la seguridad no es una superstición militarista, sino una condición previa para casi todo lo demás.
Por eso no seré yo quien critique que España gaste más en defensa. Al contrario. Lo criticable no es que se incremente una partida largamente postergada, sino que ese incremento acabe convertido en coartada contable. La paradoja es magnífica: el gasto de defensa, tan olvidado por una España oficialmente alérgica al uniforme, puede terminar siendo la mejor defensa de la imagen fiscal de un Gobierno pacifista.
El Gobierno prevé que el gasto computable crezca un 4,2% en 2026, por encima del 3,5% fijado en su Plan Fiscal Estructural, aunque dentro de los márgenes europeos gracias a la flexibilidad vinculada al gasto en defensa. En 2025, el gasto primario neto ya creció un 4,5%, también por encima del objetivo inicial, pero dentro de los márgenes permitidos mediante esos mecanismos de flexibilidad. Dicho de otro modo: gastamos más de lo previsto, pero cumplimos, porque una parte del gasto ha recibido el sacramento europeo de la excepción.
La cláusula nacional de escape permite excluir del cálculo parte del aumento del gasto en seguridad y defensa, y España la solicitó a Bruselas el 13 de abril, igual que otros 17 Estados miembros. El incremento del gasto en defensa registrado en 2025 equivale a 0,3 puntos porcentuales........
