Pedro Guerra se ahoga en Irak
Pedro Guerra se ahoga en Irak
El presidente de la paz se ahoga en sus propias guerras. Y parece imposible que pueda ganar alguna.
Ya hubiera querido Leónidas poder defender las Termópilas con el mismo ejército de asesores que solo en La Moncloa tiene Pedro Sánchez. Pues habría doblado a aquellos 300 que perecieron a manos de las tropas de Jerjes. Que nadie se lleve a engaño: de los 600 trabajadores que forman esta estructura, no todos elaboran los discursos de Pedro Sánchez; solamente los idean, elaboran y escriben unos 50. El principal trabajo de todos estos asesores es poner en la boca del presidente un discurso que parezca que se le ha ocurrido a él.
Es así como, este miércoles, los ventrílocuos que lo asesoran han querido que Pedro Sánchez comenzase su discurso evocando la épica del pasado. Del mismo modo que Elrond recordaba que él estuvo ahí hace 3.000 años luchando contra las tropas de Sauron, Pedro Sánchez nos ha contado que él también fue uno de esos valerosos manifestantes que, hace dos décadas, se manifestaron contra el 'Señor Oscuro' Aznar.
El problema de la historia no es cómo se cuenta, sino cómo se reinventa: la manera en la que se pervierten y modelan los hechos para construir un relato favorable que sirva a los propios intereses.
Así, relatando lo sucedido en aquellos días, nuestro presidente se ha sacado de la manga una libre reinterpretación histórica, explicando que Aznar nos arrastró a esa guerra "porque quería sentirse importante, porque quería que el presidente de Estados Unidos entonces, George Bush, le invitara a un puro y pudiera poner los pies sobre la mesa. Una guerra a cambio de ego. La dignidad de todo un país a cambio de esa foto" (sic).
Si los asesores del presidente, o el propio Pedro Sánchez, se hubieran molestado en tener un mínimo de rigor, se habrían dado cuenta de que esa fotografía se tomó durante la celebración de una reunión del G8 en Canadá el 25 de junio de 2002, es decir, ocho meses antes de la intervención de los Estados Unidos en Irak.
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Por tanto, es imposible que Aznar apoyase a Bush esperando que este le correspondiera invitándole a un habano y permitiéndole poner los pies sobre la mesa, como manifestaba Pedro Sánchez.
Naturalmente la parroquia socialista procedió a aplaudir con denuedo la cita apócrifa del jefe. Y terminada la sesión, todos para casa con la satisfacción del deber cumplido. Un día más en la oficina y, por supuesto, en el poder, que es de lo que se trata. Y así vive el día a día el sanchismo a pesar de que sigue sin existir a corto, medio o largo plazo, ni un solo escenario en el horizonte que pueda beneficiarle.
Si pensamos en las consecuencias económicas de la guerra, no conozco una sola crisis económica que beneficie al Gobierno y perjudique a la oposición. Si miramos la posición de España en el mundo, se prescinde de nosotros en muchos foros y no se nos consulta en los que aún estamos. En cuanto a las elecciones andaluzas, estas anticipan uno de los peores resultados históricos del PSOE.
En lo que respecta a la situación judicial, el horizonte es peor. Y, en el plano parlamentario, el PSOE navega en solitario.
El presidente de la paz se ahoga en sus propias guerras. Y parece imposible que pueda ganar alguna.
