Clausewitz y los grandes incendios
Clausewitz y los grandes incendios
El verdadero adversario nunca es solo el fuego: es la suma de incertidumbre, fricción y pérdida del margen de decisión
Clausewitz no escribió sobre incendios forestales. Aun así, su forma de mirar la guerra sirve para entender por qué algunos incendios se contienen como incidentes y otros acaban pareciéndose a una campaña larga, agotadora y políticamente cara.
La primera regla de la guerra es conocer al enemigo, entender su comportamiento cambiante que lo convierte de vecino en amenaza. Antes, los montes eran un espacio económico habitado en el que los incentivos económicos cuidaban de su preservación. La leña para calentar las casas, la ganadería extensiva, la presencia humana en cada kilómetro de España, la madera como elemento constructivo, generaban los incentivos para que el bosque estuviera limpio.
Hoy es un parque temático, un lugar para urbanitas. La población desapareció, la agricultura extensiva se convirtió en macro-granjas y los nuevos materiales dejaron la madera en algo menos importante. No podemos hacer nada contra este escenario. No vamos a limpiar los bosques con funcionarios porque no hay tantos para limpiar 500.000 kilómetros cuadrados. Es decir, entendamos la razón de la amenaza y su permanencia. Debemos, en términos generales, convivir con ella.
Pero no todos las amenazas son iguales. Debemos priorizar qué activos estratégicos tienen un valor que requieren de concentración. No podemos limpiar y controlar cinco mil millones de hectáreas, pero sí las cien millones de mayor valor, aquellas que no podemos perder, y la sierra de Ávila y Madrid eran dos de estos activos donde esta situación no se debía haber producido. Esto es lo que el genio alemán llamaba disuasión sin enemigos.
Debemos entender también cómo es esta guerra. Una de las intuiciones más repetidas de la obra de Von Clausewitz es que la guerra, y por extensión cualquier enfrentamiento real, no es un ejercicio perfecto sobre papel. Es un sistema sometido a fricción que implica retrasos, errores humanos, fallos de comunicación, fatiga y cambios de condiciones que exigen de movilidad, concentración de fuerza y de reconstrucción de los planes de forma continua.
El genio de la guerra lo dice de forma directa: la realidad rompe la geometría del plan. Trasladado a los incendios, ese concepto deja de ser abstracto. La fricción se ve cada vez que el operativo tiene que decidir con información incompleta como un viento cambiante que convierte a un borde estable en un corredor de propagación; humo y visibilidad en los que la observación se degrada y con ella la coordinación; accesos que se estrechan o se cierran.
Otra idea fuerza es que se combate antes de que el incendio gane el calendario porque el calendario organiza ventanas de oportunidad: horas de margen operativo, condiciones meteorológicas favorables, disponibilidad de medios y posibilidad real de consolidar barreras. Esto significa que los medios están donde hacen falta cuando hacen falta.........
