La muerte de Noelia
Personalmente estaría dispuesto a despedazar con los dientes todos y cada uno de los artículos del Código Penal por salvar la vida de mis hijos.
Cada dos horas y pocos minutos una persona se suicida en España. Once al día, más de trescientas al mes, unas cuatro mil al año. Hay diez veces más muertes por suicidio que por homicidio, y tres veces más suicidas con éxito que fallecidos en accidentes de tráfico. Es, de hecho, la principal causa de muerte externa en todos los tramos de edad por debajo de los 75 años. El suicidio (asistido) de Noelia Castillo no es uno más entre miles. La historia de Noelia es la de un fracaso monumental de las instituciones, un escaparate de la catastrófica situación de gran parte de "lo público", y un reflejo del naufragio que hemos permitido como sociedad.
No soy quien, y creo que nadie lo es, para juzgar los motivos que Noelia tuviese para querer quitarse la vida. Nadie puede ponerse en los zapatos de otro y entender su sufrimiento. Tampoco creo que se pueda criticar a un padre por intentar evitar la muerte de su hija de 25 años. Personalmente estaría dispuesto a despedazar con los dientes todos y cada uno de los artículos del código penal por salvar la vida de los míos. No hay mucho debate ahí. Seguramente hay algo más que comentar sobre el hecho de que la sentencia del Supremo afirme que "el trastorno límite de la personalidad que [Noelia Castillo] presenta no es una enfermedad, sino la manera de ser de una persona", o que insistan en que no puede valerse de ninguna manera por sí misma pese a que ella misma afirmó lo contrario en su última entrevista antes de morir. Pero de lo que si es necesario hablar es de la........
