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Sin perdón

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27.07.2026

Uno de los efectos más perversos de la radicalización, humana o ideológica, es el aborto de la empatía, es la ceguera hacia el sufrimiento ajeno.

Pocas cosas cuestan más que sentirse de verdad culpable, que pedir sinceramente perdón. Sobre todo, cuando temes que no te perdonen, y que pedirlo sólo conduzca a la incomprensión, la humillación y la soledad. Pedir perdón requiere enormes dosis de coraje y de confianza: en uno mismo para pedir, en quien sea que esté enfrente, para dar. Pedir perdón es un acto mayúsculo de fe. Presupone creer en que el hilo que hilvana ciertas almas puede haberse enredado, pero no se ha roto. Que la luz de fondo sigue ahí.

A veces todavía es más complicado porque la necesidad/dificultad del perdón entra en bucle. Tú haces o dices algo de lo que te sientes tan culpable que temes que alguien lo juzgue imperdonable, eso provoca una reacción que a ti te parece desmedida, candidata a su vez a la imperdonabilidad… Y ya no se sabe qué fue primero, el huevo o la........

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