Una factura
El hospital La Fe de València en una imagen de archivo / JM LOPEZ / LEV
De tanto sacarlos todos los días, los pases cambiaban de color, del blanco al amarillento manoseado. El personal de seguridad de la puerta acababa quedándose con las caras. En la sala de espera, nos aprendíamos la posición de los enchufes. En la cafetería, a comer aunque no recordáramos lo que era el hambre. Y, dentro, en las horas de visita, en las explicaciones y las respuestas a las preguntas, que a todos se nos va a atender por igual, que todos estamos cansados y que todos hacemos lo que podemos.
La UCI de La Fe es gigante, abrumadora, angustiosa. También luminosa si tienes la suerte -una palabra escurridiza -de que la cama de la........
