Elogio de la resistencia
Noelia Pena (Santiago de Compostela, 1981)
«Y mi conciencia, muy lentamente, / el mundo entero recorría».
Escribir es algo que se hace en soledad. O eso creo. Y con mucho silencio alrededor. Habrá de todo, claro que sí. Habrá quien necesite un aislamiento a tope insonorizado como seguramente será el estudio londinense de Abbey Road, o quien no podrá escribir una sola línea sin que suenen de fondo los bafles explosivos de Helter Skelter reventando las ventanas de la casa. Por cierto, no sé si aún existe ese estudio de grabación de donde salieron tantas canciones inolvidables. Lo que ha cambiado de sitio -eso sí que lo sé- es el paso de cebra por el que cruzaron los Beatles y quedó reflejado para la eternidad en uno de sus discos. Yo tengo en el estudio el póster de ese paso de cebra. Y una guitarra a la que en medio siglo apenas he sacado un par de acordes de House of the rising sun y Las cuatro y diez. Me hubiera gustado dominar los de And I Love Her, pero el profe de guitarra que tuve durante un año me dijo que los chavales de Liverpool confundían a los principiantes haciéndoles creer que lo más difícil estaba al alcance de cualquiera. También tengo, entre montones de libros que se llenaron de polvo y humedad cuando la dana, los que escribió Noelia Pena hace unos años: El agua que falta (2014) y La vida de las estrellas (2028), editados por Caballo de Troya y La Oveja Roja respectivamente.
El acecho del fascismo
El de ahora se titula Una vida política y........
