La vida es suelo
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En la cuarta temporada de Los Soprano, Tony Soprano visita con su hijo A. J. un barrio deprimido de Newark, una ciudad de Nueva Jersey. Cien años atrás, sus antepasados italianos se establecieron en la zona. Hoy está arrasada por la droga, las casas al borde de la ruina. Solo hay un edificio que está igual que cuando se construyó. “Mira todos estos edificios, la mayoría están que se caen, pero esa iglesia sigue en pie. ¿Sabes por qué?”, le pregunta Tony a su hijo. “¿Por los ladrillos?”, responde A. J. Tony suspira. “Porque a nuestra gente le importa, es por eso. Cada domingo, italianos del viejo barrio conducen kilómetros para venir aquí a rezar: para mantener este lugar vivo.” “¿Y entonces por qué nosotros nunca lo hacemos?” Tony ignora la pregunta: “Compra suelo, porque Dios no va a hacer más.” A continuación, Tony le enseña unos edificios ruinosos, ocupados por yonquis. “¿Ves esas casas? Las voy a comprar.” “¿Esas tan cutres? ¿Para qué?” “Como inversión, ¿es que no me escuchas?” “Yo qué sé.” “Insisto, invierte en propiedades inmobiliarias.” Lo que empieza como una anécdota sobre las raíces acaba siendo un consejo de inversión sobre bienes raíces.
No está muy claro si Tony quiere comprar esas casas para lavar dinero o para invertir, pero su inversión habría sido muy beneficiosa: hoy esas casas en Newark, a donde se mudan cada vez más trabajadores neoyorquinos ante el aumento del precio en la ciudad, valen casi un 1000% más. En lo que estaba invirtiendo Tony no era en una vivienda, sino en suelo. Y, si Dios no va a crear más de él, y menos aún en las grandes ciudades, es una inversión inteligente: lo escaso es siempre un buen negocio.
Desde hace más o menos un par de años, el debate público español, pero también occidental, está repleto de conversaciones sobre el problema de la vivienda. Hablamos mucho de casas, pero no de suelo. En The land trap (‘La trampa del suelo’), el periodista de The Economist Mike Bird analiza el problema de la vivienda desde la raíz, es decir,........
