A una década del colapso liberal
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En 2026 se cumplen 10 años de tres acontecimientos que los historiadores del futuro habrán de considerar como el principio del fin del orden internacional liberal, o bien como la culminación de su colapso, dependiendo de la perspectiva de cada cual. Primero, el jueves 23 de junio, los electores del Reino Unido votaron a favor de abandonar la Unión Europea en un referéndum. Segundo, el 2 de octubre de 2016, el electorado colombiano se pronunció en un plebiscito contra el acuerdo de paz con las FARC planteado por el presidente Juan Manuel Santos. Tercero, pero quizá el más importante de todos, el 9 de noviembre del mismo año, Donald Trump ganó las elecciones presidenciales en Estados Unidos. En su momento, la mayor parte de los observadores entendieron estos acontecimientos como anomalías que el tiempo habría de reparar. Accidentes o equivocaciones históricas que se corregirían para restablecer la ruta liberal de la historia humana, o cuando menos, la occidental. A diez años de estos sucesos, vemos que la restauración liberal no solamente no se produjo, sino que se profundizó el abismo antiliberal en la política internacional. Como suele suceder con los enfermos terminales, poco antes de morir exhiben muestras de mejoría que alimentan las esperanzas de los más optimistas, pero después la enfermedad regresa con mayor violencia y se los lleva a la tumba.
De suyo, el Brexit y la elección de Trump evidenciaron la ruptura del consenso liberal bipartidista en la política interna del Reino Unido y Estados Unidos que se había instalado con claridad al final de la Guerra fría. Este es un dato fundamental, pues se trata de los dos países que construyeron el orden liberal de la postguerra y, sobre todo en el caso de Estados Unidos, el orden posterior a la Guerra fría. En otras palabras, ni los propios estadounidenses ni los británicos de a pie se sentían cómodos con el orden que ellos mismos habían diseñado y puesto en marcha en el mundo.
En el caso de Colombia, Juan Manuel Santos, un presidente educado en las mejores universidades de Inglaterra y Estados Unidos, le proponía a su país un acuerdo civilizado para restablecer la paz en la línea liberal y encontraba el rechazo de su propio pueblo. Esto a su vez evidenciaba que la importación indiscriminada del modelo liberal en los países periféricos se topaba con reservas muy serias de sus poblaciones. Expresiones como libre comercio y libre mercado comenzaron a vaciarse de contenido a raíz de la crisis financiera planetaria en 2008-2009, pero las élites occidentales decidieron cerrar los ojos ante las insuficiencias de un modelo económico que ya no satisfacía las expectativas de las mayorías. Varios años más tarde, en su magistral libro The crisis of democratic capitalism (2023), Martin Wolf, comentarista económico en jefe del periódico Financial Times, al cual nadie puede acusar de izquierdista, documentó las debilidades estructurales de un modelo que dejó de proveer bienestar a las mayorías.
Las repercusiones de todo lo arriba descrito siguen retumbando hasta nuestros días. La salida del Reino Unido de la Unión Europea evidenció la falta de aprecio popular por el libre comercio en la eurozona, ya no digamos por la migración masiva que propiciaba la libertad de movimiento de la mano de obra. Demostró también la gigantesca fractura entre las aspiraciones nacionales de la generación vieja y los jóvenes, dado que estos últimos votaron mayoritariamente en favor de la permanencia en la UE. En las democracias occidentales, nos dimos cuenta que tienen mayor poder de decisión los jubilados que quienes sostienen el mercado con su trabajo.
El cuestionamiento de fondo al modelo liberal empezó con una decisión increíblemente estúpida de David Cameron, el entonces primer ministro del Reino Unido. En lugar de convocar a una profunda y extensa discusión pública sobre el tema para conocimiento de todas las clases sociales, Cameron sometió a referéndum binario (sí o no) una decisión de política exterior trascendental (y técnica). Este disparate no tenía precedente en la historia británica de sensatez y centrismo liberal. En la valoración de Cameron y su equipo, puesto que su gobierno había ganado el referéndum por la permanencia de Escocia en el Reino Unido, era posible convocar y ganar otro ejercicio semejante respecto a la pertenencia de todo el Reino en la Unión Europea. La arrogancia fue tal que desafió a sus críticos: si él perdía el referéndum, ofrecía su cabeza y renunciaba al gobierno. Hay que leer sus memorias, For the record (2019), para darse........
