Carta desde Barcelona. Sin humanos entre la gente
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La soledad buscada de la escritura está llena de personas pero resulta que muchas de ellas o están lejos o están muertas o ni siquiera existen ni existieron nunca. Tecleo al amparo de infinidad de libros que reposan silenciosos en las estanterías que tengo detrás, consciente de que contienen numerosas historias protagonizadas por todo tipo de seres humanos. La línea que separa la cordura de la locura no se me antoja muy clara cuando me doy cuenta de mi situación, de una cotidianidad en la que paso más tiempo con personajes de ficción que con humanos de verdad. Tengo la suerte de tener cerca a un psiquiatra con muchos años de experiencia que visita a sus pacientes justo al otro lado de uno de los tabiques de esta habitación en la que estoy ahora. Saber que hay alguien al lado no solamente cuerdo y sensato sino capaz de identificar los rasgos de la locura me da una sensación de seguridad cuando me adentro en eso que llamo “la novela” (y que la mayoría de los días es “la puta novela” pronunciada en gritos de desesperación y rabia y las menos de las veces con euforia cuando el texto parece andar por sí mismo y se entrega sin reservas), es algo así como escribir con red de seguridad. El psiquiatra en cuya consulta entro de vez para encontrar paz y sosiego y pensarme fuera del líquido denso de la creación tiene infinidad de libros en los que siempre se posa mi mirada. Hay uno que me tienta sobre creación artística y psicosis pero no lo tomo prestado por miedo a descubrir que ambos fenómenos pueden tener una raíz común, ser expresiones opuestas de lo........
