Averroes no fue a Múnich
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Es problemático tener un mundo de pensamiento tan viejo como en el que vivimos y creerlo relativamente joven. Es absurdo convencerse de que cualquier idea se forma siguiendo líneas rectas.
En el siglo XII, una historia de traducciones y ocultamientos participó de la racionalidad de un Occidente que hoy parece olvidar sus intenciones de universalidad. En Córdoba, en Al-Ándalus, el territorio musulmán de Europa durante la Edad Media, el integrismo decidió quemar los libros de Averroes, el gran filósofo árabe, comentador de Aristóteles.
Dentro de mi casa familiar la historia de sus textos se contaba como atemperación contra el pesimismo habitual de quienes escribimos profesionalmente. En medio de la persecución, algunos de sus libros fueron rescatados por estudiosos judíos, quienes los tradujeron o transcribieron en caracteres hebreos para evitar que se destruyeran. Cuando esas versiones de su trabajo llegaron a Francia, fueron traducidas al latín. Y del latín, la escuela escolástica, hacia finales del siglo XIII, se encontró con Aristóteles gracias a lo que de él escribió Averroes. Occidente se había distanciado del griego para los años del andaluz, pero el mundo musulmán lo tenía bajo el resguardo de una de sus mayores mentes. Luego, a través de árabes y judíos, Occidente lo reconoció como uno de sus pilares fundacionales. Pasaron seis siglos, hasta el XIX, para que Averroes fuese traducido de vuelta al árabe.
Ese proceso forma parte de lo que llamamos civilización. De ella, hay subdivisiones que entendemos como proyectos civilizatorios. Estos son temporalidades dentro de un cuerpo más grande que incorpora el tiempo y sus intercambios sociales, culturales y políticos. Cada uno de los proyectos que hemos visto desde la Edad Media, para establecer una ventana arbitraria de tiempo,........
