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Lenguaje y paso del tiempo. Por un envejecimiento saludable

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23.02.2026

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Envejecer implica cambiar y nuestro comportamiento lingüístico no es una excepción a esta regla. En términos generales, podemos decir que en la vejez somos más lentos, nos resulta más complicado acceder al lexicón mental (con el conocido fenómeno de tener constantemente la palabra en la punta de la lengua), cometemos más errores y nos cuesta más comprender oraciones complejas. Todo esto provoca cierta preocupación en los hablantes, por lo que creo que es interesante que hablemos de ello.

Lo primero que tenemos que aclarar en este tema es que la facultad del lenguaje como tal no sufre deterioro con la edad. Lo que sucede es que determinadas funciones cognitivas, básicas para el funcionamiento del lenguaje, se ven afectadas por el paso del tiempo y, como consecuencia, nuestra capacidad lingüística se altera. En este sentido, vamos a encontrar determinados componentes del lenguaje preservados, frente a la evidente alteración de otros. Dado que no puedo entrar aquí en muchos detalles, será suficiente con que relacionemos los síntomas lingüísticos con el efecto de la edad sobre la memoria. Y, en concreto, que distingamos entre tres tipos de memoria: la declarativa, la operativa y la procedimental.

La memoria declarativa tiene que ver con el conocimiento explícito del mundo. Es la que sostiene, por ello, procesos lingüísticos como el acceso léxico. A las personas mayores les cuesta encontrar la palabra que buscan, especialmente los nombres propios. También es más difícil generar nuevos recuerdos, por lo que resulta más costoso, por ejemplo, aprender nuevas palabras. Estos efectos no son casuales. Y es que la memoria declarativa se vincula con el hipocampo, una de las zonas en las que más se produce la pérdida de materia gris con la edad. Sin embargo, no todo está perdido. En primer lugar, porque determinadas variables, como el nivel educativo, el bilingüismo o la cantidad de libros leídos ejercen un papel de resistencia cognitiva, que compensa los efectos de la edad. Por otro lado, porque cada vez hay más evidencia de que el hipocampo es una de las zonas en las que se pueden generar nuevas neuronas durante toda la vida, por lo que su número total no decrecería tanto. En concreto, la neurogénesis del hipocampo se vincula con la masa muscular, por lo que un ejercicio moderado, en especial de fuerza, será esencial para mantener nuestra memoria declarativa en forma. 

La memoria de trabajo, también llamada operativa, es la que se encarga de mantener la información necesaria disponible. Es la que mantiene el número de teléfono en la cabeza, por ejemplo, mientras encuentras el boli con que anotarlo. Esta memoria, fundamental en el lenguaje, se vincula con el córtex prefrontal, por lo que tampoco es casual que sufra esta degeneración con la edad y es que se trata de una de las zonas que más sufre de los procesos de desmielinización. Perder la mielina que recubre los axones neuronales implica que los impulsos nerviosos se transmitan de un modo más lento (como un tobogán reseco). Esto incide en el problema de acceso al lexicón que comentábamos antes, pero también explica por qué a los adultos mayores les resulta más complicado procesar oraciones largas y complejas. La buena noticia es que, de nuevo, determinados comportamientos, como el ejercicio físico y mental o el cuidado de la alimentación ralentizan la pérdida de mielina.

Por último, el lenguaje se sostiene también en la memoria procedimental, que es aquella que nos permite realizar actividades sin control consciente (en piloto automático). Esta memoria está presente, por poner un ejemplo, en el procesamiento sintáctico y se vincula al córtex premotor, a los ganglios basales y el cerebelo, que son zonas que varían menos en el envejecimiento sano. Esto hace que determinadas funciones (como por ejemplo la sensibilidad a la agramaticalidad de las oraciones) se mantengan preservadas con los años. Los problemas de procesamiento sintáctico que encontramos (la dificultad para procesar oraciones complejas o los problemas en las concordancias, entre otros), se vinculan más a la ya nombrada memoria de trabajo o a otras funciones cognitivas como la inhibición o la atención. 

Saber qué es habitual en un proceso sano de envejecimiento y qué puede indicar una demencia, comprender cuáles son los factores protectores de reserva cognitiva y qué comportamientos son efectivos para enlentecer los síntomas de la vejez son algunos de los objetivos de la investigación en neurociencia. En el mes en el que celebramos el papel de las mujeres en la ciencia, queremos recordar que investigadoras como la Dra. Itziar Laka o la recientemente doctora Victoria Cano ayudan, con su investigación, a responder mejor a todas estas preguntas.


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