Por qué debemos volver a Habermas
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La muerte de Jürgen Habermas el 14 de marzo de 2026 no es solo el cierre de una obra; es la desaparición de una voz que sostuvo, contra la inercia del poder, una exigencia: gobernar obliga a explicar. No basta con ganar elecciones. La democracia implica que quien decide tiene que dar razones en público y sostenerlas frente a una sociedad que puede cuestionarlas.
Esa idea no es retórica. Es un mecanismo de control. Sin esa obligación de justificar, el poder deja de estar acotado por la crítica y empieza a moverse dentro de su propio relato.
Ese principio no ha desaparecido en México, pero dejó de ordenar la vida pública.
El país no carece de discusión. Hay información, debate, confrontación diaria. Pero el eje de esa conversación cambió. Ya no gira en torno a la persuasión por medio de razones, sino a la afirmación de identidades. La gente no entra a la discusión para evaluar argumentos, sino para ubicarse: quién está conmigo y quién no. La política dejó de ser un espacio donde algo puede cambiar y se volvió un espacio donde cada uno confirma lo que ya cree.
Ese desplazamiento altera la lógica de la legitimidad. En la democracia que plantea Habermas, el poder enfrenta incertidumbre: no sabe si sus decisiones serán aceptadas y por eso tiene que justificarlas, corregir, responder. Hoy esa incertidumbre se reduce. El poder no necesita convencer a todos; le basta con mantener alineada a una base. La legitimidad deja de ser expansiva y se vuelve interna.
Aquí es donde la idea exige claridad: Morena no explica este cambio; lo........
