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El futbol profesional es inhóspito para los apesadumbrados

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17.07.2026

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“Toda la historia se ha escrito hasta ahora desde el punto de vista del éxito, suponiendo, por cierto, una razón en el éxito”, escribió Friedrich Nietzsche en Nosotros los filólogos para cuestionar la idea del curso inteligible de la historia: la hegeliana encarnación del espíritu. Cuando recapitulamos la literatura sobre el futbol advertimos que las crónicas y las biografías poseen ese enfoque triunfalista. Para celebrar la conquista de un título, los sentenciosos periodistas se transforman en retóricos salvajes que se entregan a la hipérbole y aspiran a un estilo sublime. Y lo entendemos perfectamente: ninguna figura retórica se antoja suficiente para exaltar a los héroes cuando el deporte se representa como épica. Hay naciones que sustentan su historia patria sobre los hombros de mortales, transfigurados en semidioses. Y no me refiero únicamente a Argentina y el culto a Diego Armando Maradona y Lionel Messi, sino también a Uruguay y la sacralización de un pasado mítico en el que resplandecen los títulos conquistados en los Juegos Olímpicos de 1924 y 1928 y en los Mundiales de 1930 y 1950.

Frente a esa concepción que convierte la complejidad en banalidad y en mayestático lo accidental se yergue la visión trágica que nos obliga a reparar en los derrotados por diversas circunstancias. Son figuras modélicas porque ilustran el reverso del optimismo y nos recuerdan que el deporte, en cuanto parte de la sociedad, no está exento de sus males. No se trata de una genealogía de la derrota, sino de una concepción irónica en la que elementos contrarios están intrínsecamente vinculados. El destino de ciertos futbolistas resulta trágico porque exhibe los límites de la ambición humana y su fragilidad. En cuanto escenario privilegiado del imaginario actual, el futbol reproduce la antigua encrucijada entre la voluntad de los dioses y la libertad personal. Nos fascinan estas historias desdichadas en las que la tragedia no proviene del fracaso, sino de la imposibilidad de justificar la vida únicamente por el éxito. De ahí que, desde los primeros años del futbol, encontremos personalidades cuya caída se debe a conflictos personales en vez de a la arbitrariedad de un aciago demiurgo.

Si el sentimiento trágico surge de situar el sufrimiento en el centro de la existencia, como dijo Walter Muschg, nada más ejemplar que la muerte en plena apoteosis. La de Jayden Adams el pasado 11 de julio, en medio de la exultación de su país por la actuación de la selección de Sudáfrica en la Copa del Mundo 2026, ilustra........

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