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De jóvenes airados a apóstoles del perdón

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friday

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Imagino a Steven Knight salivando al enterarse de que sería el responsable del proyecto fílmico que documentaría la gira Oasis Live ’25. Para un auténtico “hombre de cine” como el productor y guionista, la enemistad entre los Gallagher debió ser una nuez anecdótica de ancestral poderío. No solo por la resonancia de la historia de Caín y Abel, sino porque esa rivalidad sugería una tragedia shakesperiana, aunque aquí los hermanos no se disputen la Corona, sino el cetro de líder de la última gran banda de rock de popularidad masiva de los noventa para acá (Coldplay no cuenta). Si reparamos en que algunos de los éxitos más logrados de Knight, como las series Peaky Blinders y The House of Guinness, abordan clanes familiares marcados por el conflicto, deduciremos que era una tentación irresistible. Pese a que el resultado elude el morbo de tabloide –el cual seguramente no habrían aprobado los Gallagher–, finalmente el choque fraternal es el eje sobre el que gravita Oasis: Don’t look back in anger (2026), este “documental con trama”, como lo ha llamado el productor; una descripción que no es gratuita y sí altamente significativa.

Más que la historia de Caín y Abel –Noel desmiente en el documental que el origen de la hostilidad sea una “lucha por el poder”, lo que contrasta con una entrevista de 2021 en la que dijo que todo giraba alrededor de esa pugna–, lo que resuena en esta narración de aliento bíblico –y no porque ese adjetivo se haya convertido en fetiche del vocabulario de Liam en redes sociales– es la parábola del hijo pródigo: la reconciliación de los hermanos. Esos Gallagher que durante casi dos décadas solo se refirieron el uno al otro con insultos se vuelven paulatinamente cómplices entrañables mientras sus respectivas familias terminan formando una gran familia, como los antiguos clanes gaélicos –en consonancia con sus raíces: Noel celebra a la verde Eire y la ascendencia irlandesa–. Salir a escena tomados de la mano simboliza el renovado amor filial, pero los gestos de cariño no se limitan a ello: una palmadita, un breve abrazo, un beso en la mejilla refrendan la calidez. Asimismo, hay manifestaciones verbales de aprecio. Liam reconoce la importancia de Noel como compositor y encomia que pueda cantar “Wonderwall” en vivo una vez más: “Son sus canciones… Nacieron de su alma. Él se lo merece y las canciones se lo merecen”. Noel, por su parte, le festeja las gracejadas y confiesa que había olvidado cuán divertido era su hermano, a quien incluso califica de “encantador” (delightful), un adjetivo que contrasta con su descripción al comienzo de la película, cuando los ensayos no habían comenzado y por lo tanto no se habían reencontrado: un “grano en el culo”.

Que sea un “documental con trama” implica que hay un enfoque. Más que un registro del reencuentro de los Gallagher, tiene una intención proselitista: la necesidad del amor en una época regida por la furia. De ahí que intitularlo Don’t look back in anger, además de un guiño a la célebre canción del álbum (What’s the story) Morning glory? (1995), entraña un mandato espiritual que concita al perdón: no veas el pasado con rencor. El consejo posee varias connotaciones. No cifra únicamente la situación de Noel y Liam, sino que........

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