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Por qué los empresarios deberían leer novelas

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15.09.2026

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Hay una escena que se repite en aeropuertos, oficinas y salas de consejo. Un empresario abre su portafolio y saca un libro. Casi siempre es sobre estrategia, liderazgo, inteligencia artificial, productividad, negociación o la biografía de otro empresario exitoso.

La elección tiene sentido: ya que el tiempo es escaso, ¿por qué desperdiciarlo leyendo una historia inventada? Creo exactamente lo contrario. En la era de la inteligencia artificial, los empresarios deberían leer más novelas, no menos.

La razón es paradójica. Estamos entrando en un mundo en el que la información será abundante y barata. Un ejecutivo puede pedir a un modelo de inteligencia artificial que resuma en segundos prácticamente cualquier libro de negocios, compare estrategias, analice competidores, construya escenarios y proponga alternativas.

Pero las decisiones empresariales realmente difíciles nunca han consistido solo en procesar información: consisten en comprender personas. ¿Qué quiere realmente mi socio? ¿Por qué un ejecutivo brillante está tomando una mala decisión? ¿Cuándo la lealtad se convierte en complacencia; cuándo la perseverancia en obstinación? ¿Por qué una organización inteligente se niega a reconocer una realidad evidente? ¿Qué hará una persona cuando tenga que elegir entre ambición, amistad, dinero y principios?

Ninguna hoja de cálculo responde fácilmente esas preguntas. Una buena novela, sí.

El empresario como personaje

Pensé en esto cuando leí Drayton and Mackenzie, la novela de Alexander Starritt publicada en 2025. El Financial Times la incluyó entre los candidatos a su Business Book of the Year. Fue algo excepcional: era la primera obra de ficción incluida en esa lista desde 2010.

James Drayton y Roland Mackenzie se conocen en Oxford. Son inteligentes, ambiciosos y muy diferentes. Después pasan por McKinsey y terminan intentando construir una empresa de energía mareomotriz. A su alrededor ocurren la crisis financiera, transformaciones tecnológicas, cambios en el capitalismo y la transición energética. Pero la verdadera historia está en otro lugar: amistad, ambición, dinero, ego, éxito, fracaso y las decisiones que terminan definiendo una vida.

Un crítico la describió como una combinación entre Dickens y La gran apuesta. Lo interesante es que Starritt no escribió un manual de emprendimiento. Precisamente por eso puede enseñar cosas que un manual difícilmente enseña.

Los protagonistas descubren que ser inteligente no significa necesariamente tener buen juicio, que analizar el problema de otro es muy diferente de asumir la responsabilidad de resolver uno propio, que las........

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