El futuro de la empresa: entre Musk y Harari
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Hace poco, Zanny Minton Beddoes, editora en jefe de The Economist, entrevistó extensamente a dos personajes que observan la misma revolución tecnológica desde perspectivas casi opuestas. Por un lado, Elon Musk, empresario que está construyendo buena parte del futuro. Por el otro, Yuval Noah Harari, historiador que lleva años preguntándose qué puede hacer ese futuro con nosotros. Vale la pena escuchar las dos conversaciones juntas.
Musk contempla la inteligencia artificial y ve, fundamentalmente, abundancia. Harari observa la misma tecnología y ve, ante todo, poder. Musk pregunta hasta dónde puede llegar la inteligencia. Harari pregunta quién la controlará. Musk imagina un mundo donde las máquinas liberarán progresivamente a las personas de la necesidad de trabajar. Harari teme uno donde las personas, fascinadas por esas máquinas, terminen entregándoles su capacidad de decidir.
No estamos simplemente ante una discusión entre un optimista y un pesimista. Es algo mucho más interesante: dos teorías diferentes sobre el futuro de la humanidad y de la empresa. Y probablemente necesitamos ambas.
La conversación con Musk impresiona por la velocidad de sus pronósticos. No está hablando del próximo siglo. Está hablando prácticamente de mañana. Su expectativa es que la inteligencia artificial supere en pocos años capacidades humanas cada vez más amplias y que, eventualmente, existan muy pocas actividades en las que podamos competir directamente con las máquinas. Los trabajos digitales serían los primeros: programación, análisis, procesamiento de información y muchas de las actividades que hoy realizamos frente a una computadora. Después vendría la robótica y, con ella, una parte creciente del trabajo físico.
La consecuencia económica podría ser monumental. Si la inteligencia artificial se vuelve extraordinariamente barata y millones de robots pueden producir bienes y servicios, la restricción fundamental alrededor de la cual hemos organizado la economía durante siglos, la escasez, comenzaría a modificarse.
Musk imagina un mundo de enorme abundancia. Un futuro en el que el trabajo podría dejar de ser una necesidad económica para convertirse, al menos para algunas personas, en una elección. Es una visión casi prometeica. A lo largo de su historia, la humanidad ha luchado contra la escasez. Musk cree que estamos construyendo las máquinas capaces de derrotarla.
Pero ese panorama contiene una tensión fascinante. Musk reconoce que la transición será turbulenta y que una inteligencia superior a la humana entraña riesgos extraordinarios. Sin embargo, su respuesta fundamental continúa siendo tecnológica: construir mejores sistemas, contrastarlos entre sí, orientarlos hacia la verdad y aumentar las probabilidades de que sus objetivos sean........
