Octavio Paz y los medios: palabras al aire
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La poesía volverá a ser palabra dicha.Octavio Paz, El arco y la lira
A Octavio Paz le interesó explorar la forma en que los medios de comunicación podían colaborar a sacar a la poesía de lo que solía llamar “las catacumbas”, ese sitio moderno de desdén e indiferencia. Buen romántico, Paz aspiraba a extraerla en busca de los otros, de la comunión, esa palabra sagrada en su vocabulario. Se trataba, si no de una fantasía, del anhelo de que, como en otros países, en México se reuniera la gente para “leer poemas, oírlos, y oírlos reunidos en grupo, para escuchar a los poetas”.1
La serie de once programas de radio Algunos poetas franceses del siglo XX: una antología caprichosa, que se transmitió durante el verano de 1958 –los viernes por la noche y los domingos por la mañana–, fue la segunda de las iniciativas que acometió Paz en ese sentido, mientras fungía como “director literario” del grupo Poesía en Voz Alta.2
Había visto cómo la literatura, las artes y las ideas se divulgaban aprovechando la radiodifusión en otras latitudes. Durante sus meses en España en 1937 habrá escuchado la guerra civil en las ondas hertzianas que sostenían los republicanos contra los nacionalistas, y las voces de sus amigos Miguel Hernández, Rafael Alberti y León Felipe, los más activos participantes y con quienes compartió un par de veces los micrófonos de la Radio Unión republicana.3 En los años que pasó en Estados Unidos, de 1943 a 1948 (cuando trabajó por un tiempo en una estación de radio en español en Nueva York), tuvo que haber conocido los programas del Columbia Broadcasting System que transmitían teatro radial y lecturas con Langston Hughes, Carl Sandburg y William Carlos Williams. Después, en París, entre 1948 y 1951, consta que escuchó a la muy activa Radio Nationale que difundía literatura en programas como Entretiens, en el que –le dice en carta a Luis Buñuel– hay magníficas “conversaciones radiadas”, o el dirigido por Claude Roy, La poésie naît chaque jour, o los del Club d’essai y el Festival de France, en los que se podía escuchar a André Gide, André Breton, Jules Supervielle, Jean Cocteau y Paul Éluard quien, a partir de 1949, producía Les sentiers et les routes de la poésie, programa legendario que continuaría el adalid de la lírica radiofónica francesa, Philippe Soupault.4
Cuando regresa a México en 1953, luego de una ausencia de diez años, Paz se acerca a la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM) en previsión de que su carrera como diplomático fuese cancelada por los avatares políticos. Imparte en 1955 en la Facultad de Filosofía y Letras un cursillo titulado “Cinco lecciones sobre la creación poética”, en el que seguramente adelantó El arco y la lira, que aparecería un año después; participa en algunas comisiones, como la que aspiraba a crear una “Ley de protección a la cultura” con Arnaldo Orfila, Antonio Castro Leal, Juan José Arreola y el joven poeta Jaime García Terrés, director de Difusión Cultural de la UNAM. En una evocación años más tarde, García Terrés diría que Paz había vuelto de Europa con “un diluvio de ideas e incitaciones frescas”5 que encontraron rumbo en la nueva época (y la mejor) de la Revista de la Universidad; en las nuevas colecciones editoriales (publicó ahí Las peras del olmo, en 1957), en el grupo de Poesía en Voz Alta (con el que estrenó en 1956 su pieza teatral La hija de Rappaccini) y con los escritores y artistas de la llamada “generación de medio siglo” que crearían la Revista Mexicana de Literatura y la Casa del Lago.
Todo esto forma parte de una historia de la difusión cultural en México que se va escribiendo, lentamente, si bien con promisorios adelantos. Es una historia que incluye la del comercio entre los medios de comunicación, la cultura y la intelligentsia en el México anterior a la digitalización. Paz, como tantos otros escritores, jugó un papel relevante en esa historia. En un exaltado párrafo de Posdata, en 1970, Paz inventaría la pesadilla cotidiana de los medios en México y las causas de su escepticismo. Le parece insoportable
la sintaxis bárbara en los radios, las inepcias de los programas de la televisión norteamericana doblados en nuestro idioma por gente que ignora tanto el inglés como el castellano, la diaria deshonra de la palabra en altavoces y radios, la cursilería empalagosa de la publicidad –toda esa asfixiante retórica a un tiempo nauseabunda y azucarada de gente satisfecha y aletargada por el mucho comer–. Sentados sobre México, los nuevos señores y sus cortesanos y parásitos se relamen ante gigantescos platos de basura florida.6
la sintaxis bárbara en los radios, las inepcias de los programas de la televisión norteamericana doblados en nuestro idioma por gente que ignora tanto el inglés como el castellano, la diaria deshonra de la palabra en altavoces y radios, la cursilería empalagosa de la publicidad –toda esa asfixiante retórica a un tiempo nauseabunda y azucarada de gente satisfecha y aletargada por el mucho comer–. Sentados sobre México, los nuevos señores y sus cortesanos y parásitos se relamen ante gigantescos platos de basura florida.6
Después (sobre todo a partir de 1968) pensó que, más que abominar de ellos, quizá convendría tratar de entender a los medios de comunicación y que los creadores e intelectuales deberían asumir la responsabilidad de hacerlos más civiles. “Los medios de comunicación son el equivalente moderno del ágora de la antigua democracia”, dice sumariamente en 1993,7 pero hay que atreverse a hollar esos “espacios no ortodoxos para los intelectuales” y decir, desde ellos, lo mismo que en los libros o las revistas culturales, sujetándose a las peculiaridades del medio y con la humildad para hacerlo de modo “más ligero y más corto”.8 Hacia 1980 colaboró en el empeño de ascender la televisión a la mayoría de edad y durante un tiempo apareció en un noticiero nocturno comentando temas de actualidad; después, en 1984, protagonizó Conversaciones con Octavio Paz, serie de veinte programas que dirigió Héctor Tajonar, en los que Paz y un invitado9 discutían durante una hora sobre letras, artes, historia, y se decía mucha poesía, y más tarde aún, en 1989, participó en México en la obra de Octavio Paz, una serie de seis programas. No faltaron las predecibles denuncias, venales y banales, en el sentido de que aparecer en la pantalla era sucumbir ante el poder y “vender” la libertad crítica. Paz respondió que lo único censurable habría sido decir en los medios algo distinto a lo que decía por escrito:
No acepté ninguna censura y nunca sometí mis textos a una idea previa. Había publicado una serie de artículos en un diario mexicano. Esos artículos me parecían importantes y me di cuenta de que la televisión podía ofrecer un público más vasto para ese mismo tipo de reflexión. La experiencia me hizo ver las limitaciones de la televisión: el ámbito de los oyentes-lectores es inmenso, pero, al mismo tiempo, es menos reflexivo y más desmemoriado. La letra escrita penetra con mayor profundidad. En cuanto a mi idea general sobre la televisión: he pedido una televisión plural porque parto de la idea de que no hay un público sino muchos públicos. Es necesaria una televisión más matizada y diversa, en la que aparezca esa pluralidad de voces, ideas y opiniones que corresponden a la diversidad y complejidad de eso que llamamos el público.10
No acepté ninguna censura y nunca sometí mis textos a una idea previa. Había publicado una serie de artículos en un diario mexicano. Esos artículos me parecían importantes y me di cuenta de que la televisión podía ofrecer un público más vasto para ese mismo tipo de reflexión. La experiencia me hizo ver las limitaciones de la televisión: el ámbito de los oyentes-lectores es inmenso, pero, al mismo tiempo, es menos reflexivo y más desmemoriado. La letra escrita penetra con mayor profundidad. En cuanto a mi idea general sobre la televisión: he pedido una televisión plural porque parto de la idea de que no hay un público sino muchos públicos. Es necesaria una televisión más matizada y diversa, en la que aparezca esa pluralidad de voces, ideas y opiniones que corresponden a la diversidad y complejidad de eso que llamamos el público.10
Poco a poco escritores como Carlos Fuentes, Carlos Monsiváis o Elena Poniatowska comenzaron a aparecer en las pantallas de televisión, si bien Paz fue el único en ser denostado. Pero esa es otra historia, una que podría llevar como epígrafe este párrafo de Fernando Savater:
El asesinato y devoramiento del padre Paz es hoy ceremonia iniciática entre los jóvenes intelectuales mexicanos: ¿cómo no paladear con particular delectación la exquisitez de este cadáver cultural vivaz y omnipresente, surrealista y poderoso, ceremonioso y escéptico, contestable y necesario…? Es una institución sin la cual la crítica de las instituciones vigentes resulta imposible o baldía; hombre público hasta la médula, olímpico y azorado, condensa en su figura demasiado evidente los virtuosos vicios del inconformismo francotirador y las viciosas virtudes del consejero áulico. Se le reprocha ser traidor a causas posteriores a él y que, en su origen, de él se reclaman. Se le vigila, se le exige, se le insulta: hoy, en México, escribir, pensar, crear, significa siempre, de un modo u otro, afrontar a Octavio Paz.11
El asesinato y devoramiento del padre Paz es hoy ceremonia iniciática entre los jóvenes intelectuales mexicanos: ¿cómo no paladear con particular delectación la exquisitez de este cadáver cultural vivaz y omnipresente, surrealista y poderoso, ceremonioso y escéptico, contestable y necesario…? Es una institución sin la cual la crítica de las instituciones vigentes resulta imposible o baldía; hombre público hasta la médula, olímpico y azorado, condensa en su figura demasiado evidente los virtuosos vicios del inconformismo francotirador y las viciosas virtudes del consejero áulico. Se le reprocha ser traidor a causas posteriores a él y que, en su origen, de él se reclaman. Se le vigila, se le exige, se le insulta: hoy, en México, escribir, pensar, crear, significa siempre, de un modo u otro, afrontar a Octavio Paz.11
Hear the voice of the bard!William Blake
La estación xeun, Radio Universidad Nacional, aunque fundada en 1937, solo logró hacerse de los aparatos necesarios para grabar y editar programas en 1957, lo que le permitió graduarse a las transmisiones en vivo y conservar grabaciones en un archivo sonoro: la Antología caprichosa fue el primer programa que se conservó.12 Era una estación pequeña, de muy limitado alcance y potencia, lo que explica que al principio se dijese que sus transmisiones llegaban a Cuba, Argentina y Brasil, siempre y cuando se entendiera que no a esos países, sino a las calles con esos nombres, a tres cuadras de la estación que estaba junto al Colegio de San Ildefonso, en el centro de la ciudad.13
En 1957 la xeun se acababa de mudar a sus nuevas instalaciones en la colonia Del Valle y transmitía dieciocho horas diarias en tres frecuencias. Su director era Pedro Rojas, pero su alma era Max Aub, el escritor catalán refugiado en México que soportaba de mala gana el estruendoso cargo de “Director del Servicio Coordinado de Radio, Televisión y Grabación de la UNAM”. Fue en ese servicio que germinó la idea de la colección de discos fonográficos “Voz viva” (de México, primero, y luego de Latinoamérica) que se comenzó a grabar entonces. Uno de los primeros en hacerlo –y en otorgar su visto bueno........
