menu_open Columnists
We use cookies to provide some features and experiences in QOSHE

More information  .  Close

“El templo de huesos”: patriarcas infectados y cultura pop

3 1
07.02.2026

Nombre de usuario o dirección de correo

Contraseña

Recuérdame

El año pasado, los realizadores Danny Boyle (Trainspotting, Tumba al ras de la tierra) y Alex Garland (Guerra civil, ExMachina) sorprendieron al mundo con Exterminio: La evolución (28 years later, Reino Unido – E.U., 2025), un hipnótico sueño febril que elevaba a la estratósfera las apuestas estéticas y temáticas de Exterminio (28 days later, Reino Unido – E.U., 2002), obra responsable de popularizar el subgénero de zombis pandémicos que ha estado presente en el imaginario popular por más de dos décadas.

La franquicia creada por Boyle y Garland regresa este año con Exterminio: El templo de huesos (28 years later: The bone temple, Reino Unido – E.U. – Canadá, 2026), un alucinante ensayo sobre la cultura británica imperial, el aislamiento, el autoritarismo y la infantilización cultural. Pese a que probablemente es la entrega más violenta de la saga, El templo de huesos no descarta la esperanza y la posibilidad de reconstrucción. No desde la negación del conflicto, sino desde la aceptación de que, por absurda que parezca, la cultura popular sigue siendo una de las pocas cosas que nos recuerdan que somos humanos.

Mauricio González Lara (MGL): Empecemos con la obra que lo originó todo, 28 days later, conocida en México y otros lugares de Hispanoamérica bajo el genérico nombre de Exterminio.

Grégory Escobar: La volví a ver hace unas semanas. Lo que más me sorprende cada vez que la revisito es la estética iconoclasta asumida en ese entonces por Danny Boyle y Alex Garland: la película es fea a propósito. A pesar de un par de dutch angles, Boyle evita la estilización clásica y los encuadres grandilocuentes; las texturas son inmediatas, deslavadas. Casi todo está filmado con cámaras semiprofesionales Canon XL-1. La dinámica era completamente guerrillera: el uso de cámaras pequeñas permitía cerrar varias calles de Londres solo por unos minutos para capturar una ciudad desierta y solitaria. El nombre del juego era la inmediatez: despojar al zombi de todo tinte mágico o folclórico con el fin de convertirlo en una criatura letal y totalmente creíble. El gesto fue fundacional: Exterminio abrió la ola de ficciones sobres zombis pandémicos que ha dominado la cultura pop por más de dos décadas, de Guerra Mundial Z a The last of us. La ruptura es más significativa si recordamos que Boyle y Garland venían de La playa (2000), una película refinada, casi videoclipera. Exterminio es un giro visual e ideológico. Desde su primera escena (un mono forzado a ver imágenes de violencia), la película machaca una idea: realidad, realidad, realidad. La agresión no proviene de lo sobrenatural, sino de la saturación mediática, del colapso del Estado, de la enfermedad como fenómeno social y político. Boyle y Garland introdujeron al infectado: un zombi pandémico, ultrarrápido, contaminado por una mutación del virus de la rabia. Aquí no hay vudú ni maldiciones; hay epidemia, miedo, derrumbe.

MGL: El zombi pandémico –el infectado, pues– es el monstruo emblemático del siglo XXI. El apocalipsis........

© Letras Libres