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El mito del fraude

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02.07.2026

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Escribió Borges en su prólogo a Bartleby de Herman Melville: “Basta que sea irracional un solo hombre para que otros lo sean y para que lo sea el universo. La historia universal abunda en confirmaciones de ese temor”. López Obrador sostuvo que en las elecciones del 2 de julio de 2006 le habían hecho fraude. Tomo la decisión de afirmarlo él solo, contra toda evidencia. Convenció a sus seguidores, convenció a millones de personas, contaminó al país con su ocurrencia. Dañó profundamente la legitimidad del Instituto Electoral, minando severamente una de las instituciones más sólidas surgidas de la transición mexicana. El daño a la democracia mexicana fue inconmensurable. La historia de esa desmesura la describo a continuación.

La elección presidencial del 2 de julio de 2006 constituye el acontecimiento fundacional del movimiento que años más tarde daría origen a Morena. Ese episodio no marca el nacimiento de una lucha contra un fraude electoral sino la construcción deliberada de un relato político destinado a transformar una derrota electoral en una causa moral. El relato del fraude terminó convirtiéndose en el mito fundador del movimiento encabezado por Andrés Manuel López Obrador.

La campaña presidencial de 2006 comenzó con un escenario ampliamente favorable para el candidato de la Coalición por el Bien de Todos. Durante meses, López Obrador encabezó las preferencias electorales con una ventaja considerable sobre el candidato del Partido Acción Nacional, Felipe Calderón. Esa ventaja llegó a ser cercana a los veinte puntos porcentuales y parecía prácticamente imposible de remontar.

Sin embargo, conforme avanzó la campaña, el panorama comenzó a modificarse. López Obrador cometió errores garrafales: insultar al presidente (“Cállate, chachalaca”), no asistir al segundo debate, menospreciar a la clase media. Se ha dicho que fue la “guerra sucia” propagandística la que más afectó a López Obrador. Se olvida que la Coalición por el Bien de Todos también emprendió en medios una intensa “guerra sucia” en contra de Felipe Calderón. Se olvida, también, que López Obrador fue el candidato que más compró espacios en la televisión, y el que tuvo más comentarios positivos en los espacios informativos de televisión y radio. TV Azteca mostraba una abierta preferencia por el candidato de la Coalición. Con Bernardo Gómez, alto funcionario de Televisa, sostenía una relación de estrecha amistad. 

Conforme se aproximaba el día de la elección, las mediciones realizadas por la mayoría de las encuestadoras (incluso por Covarrubias, empresa contratada por la propia Coalición) mostraban un cierre dramático. Tres meses antes de la elección advertían que Calderón se acercaba peligrosamente al primer lugar y, para mayo de 2006, ambos candidatos aparecían prácticamente empatados.

A pesar de esos datos, el equipo de López Obrador habría continuado convencido de que obtendría una victoria cómoda. La Coalición por el Bien de Todos carecía de un plan alternativo en caso de perder la elección. Antes de la jornada electoral había asegurado........

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