Las cucarachas y las máquinas
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Todo comenzó con una cucaracha. Durante una audiencia, Surya Kant, presidente de la Suprema Corte de India, comparó a jóvenes desempleados que no pueden encontrar un lugar en el mundo profesional con esos desagradables insectos que asociamos con la suciedad, cuya sola aparición despierta el impulso de aplastarlos… Más tarde aclararía que se refería a personas con títulos falsos, pero el insulto ya se había echado a andar a muchos en redes sociales. Los jóvenes recién graduados y desempleados lanzaron una pregunta: ¿qué ocurriría si todas las cucarachas se juntaran? Así nació el Cockroach Janta Party –algo así como el Partido Popular de las Cucarachas–, una parodia que convirtió la humillación en identidad y el desprecio en combustible político.
Como se sabe, cuando una cucaracha se deja ver, casi nunca está sola. Detrás de los muros, bajo el suelo y en las grietas permanecen muchas otras, ocultas en la oscuridad, esperando a salir cuando sea apropiado. El insulto de Surya Kant hizo precisamente eso. De las rendijas digitales emergió una multitud que el poder no había querido ver: jóvenes que ocuparon Instagram, cambiaron los memes por panfletos y difundieron videos de represión policial hasta convertir una protesta contra el desempleo y la falta de futuro en un movimiento que terminó por provocar la renuncia del ministro de Educación.
Mientras los jóvenes indios se apropiaban de un insulto para reclamar el derecho a entrar en la economía, en México algunos aspirantes quizás utilizaron la tecnología para franquear otra puerta cada vez más estrecha: la de la educación superior. La Universidad Nacional Autónoma de México anuló miles de exámenes de admisión e investiga si hubo aspirantes que recurrieron a inteligencia artificial para obtener una ventaja. La paradoja era perfecta: la inteligencia artificial vigilaba la prueba y, presuntamente, también ayudaba a contestarla. La máquina ya no espera a los jóvenes al final de la carrera para disputarles el empleo; ahora los recibe en la puerta de la universidad.
Durante décadas, las sociedades prometieron a sus jóvenes que la educación sería una escalera hacia la prosperidad; hoy continúan entregándoles títulos que se parecen cada vez más a boletos para un tren con menos asientos. Alrededor de cinco millones de personas se gradúan cada año en India, pero su economía solo logra absorber a poco más de la mitad; entre los menores........
