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El retorno del hijo incrédulo

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23.05.2026

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La estación era intergaláctica, una catedral de vidrio y acero hecha de espacios enormes y fluidos. Una burbuja enorme de cristal flotando en algún lugar del infinito. Perdió el paso, seguro de caerse para arriba.

Estaba y al mismo tiempo estaba ausente, como sucede cuando se abandona el cuerpo. Dudó haberse equivocado de vuelo.

Afuera, la luz raquítica y la luna menguante y velada, un espectro. El lugar era el mismo y a la vez otro. El aeropuerto se había vuelto más ordinario, aunque tal vez lo había sido siempre. Podía estar en cualquier ciudad del mundo occidental. El cielo, sin embargo, era exactamente igual que en su recuerdo. La sombra herida por flechas de plata. Plomo y de plata. Un cielo aplastado.

Los titulares de los diarios coreaban la noticia: “Policía coludida con el IRA en el asesinato de los oficiales de la Policía Real del Ulster.” Mirando los rostros de las víctimas recordó que aquello había ocurrido durante la época a la que eufemísticamente se referían como de “los problemas”. Su hermana regresó llorando a la habitación del club en Londres porque en el elevador un huésped había detectado su acento irlandés y la había llamado terrorista. A los 16 años Vauney lo tomó mal.

El 20 de marzo de 1989 Harry Breen y Bob Buchanan surgían como cadáveres que arrojados a los pantanos después de muchos años emergen intactos, listos para que los médicos forenses descifren el rastro de la violencia.

Mientras esperaba el equipaje vio la primera plana: según el Tribunal Smithwicks dentro de la policía irlandesa había un informante en estrecho contacto con el IRA. Este alertó al grupo terrorista acerca de la entrevista que Breen y Buchanan sostendrían en la comisaría en Dundalk, muy cerca de la frontera. El dato les había permitido emboscarlos cuando los oficiales regresaban al Ulster.

Aunque pasaba buena parte de la semana en Bruselas después de vivir en Roma se había vuelto más friolento. Avanzó hacia la fila de taxis que aguardaba bajo la lluvia persistente. El repiqueteo de las gotas precipitándose sobre los charcos, el aire empapado de Dublín.

‘Club Kildare en Stephens Green.’

El taxista no esperó.

‘¿Ya vio? Se los echaron porque querían impedir el tráfico de drogas en la frontera. De allí sacaban para las armas. Buchanan estaba en una lista negra del IRA. A los dos los dejaron como coladeras, ¿eh?’

Loughlin se apresuró a abandonar Irlanda porque se ahogaba. La hipocresía, la arrogancia y la crueldad imperaban en un país enconado que se volcó frenético en 1979 para recibir a Juan Pablo II. Fue cuando Sinéad O’Connor desgarró la imagen de Su Santidad. “Escojan a sus enemigos”, les recomendó a los televidentes.

¿Fue el gesto para abandonar la Edad Media? Hasta hace poco encerraban a las madres solteras pobres en los conventos para encontrarles mejores hogares a los bebés a cambio de mil dólares por cabeza. Así acabaron muchos en Estados Unidos y otros en Canadá. ¿O fueron los escándalos de abuso sexual de los sacerdotes los que dieron el tiro de gracia a esa cultura corporativa que mezcla la religión con el Estado?

El país había dejado atrás muy recientemente la pobreza,........

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