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Algunos cafés italianos y sus asociaciones

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15.09.2026

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En cierto momento de la lectura de Algunos cafés italianos, de Patrick Mauriès, me he acordado de Jorge Lozano, que fue profesor mío, mi preferido, en la facultad de Ciencias de la Información de la Complutense. Lo recuerdo ahora en el aula, hilando con su hipnótica prosodia la defensa de Gorgias (¡pero si era un sofista!) con los recuerdos, siempre al caso, de rincones de Bolonia o Roma, donde había vivido aventuras de toda índole que lo irían convirtiendo en el mayor semiótico de España. Todo sonaba paradójico, bello y estimulante. Me doy cuenta con pena de que se me han ido olvidando algunos giros característicos suyos, su manera de contar cosas chocantes sin cambiar de expresión, aunque por otro lado aún me hace reír un chiste zafio que le había contado Umberto Eco. Me permito seguir con la remembranza de las cosas pasadas para contar la manera en que abordé su examen de Semiótica de la Comunicación de Masas, que me pareció entonces muy ingeniosa y porque si no no sabría dónde ponerlo: llevé conmigo bolígrafos de tres colores diferentes, y a cada respuesta le iba añadiendo apostillas en los distintos colores, que correspondían a estratos diferentes de un texto que se ramificaba. ¿Habría merecido una matrícula o un suspenso? Lo cierto es que Lozano aprobaba a todo el mundo, y eso era solo la menor porción de su generosidad. 

El libro, traducido por Ernesto Hernández Busto, es un repaso de Patrick Mauriès a lo que avisa el título, a algunos cafés italianos, y en el diamantino epílogo que........

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