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El despertar de la conciencia…

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24.02.2026

Por Mariano Palazzo. Febrero-marzo, 2026.

Es el título de la obra del artista británico William Holman Hunt, realizada en 1853. Un retrato que se mantiene fiel a la corriente artística a la cual se había subscrito y cuyo compromiso era el de expresar, a través de sus creaciones, ideas auténticas y sinceras, descartando todo lo autocomplaciente, presenta una imagen llena de simbolismo y significado que podríamos resumir con una frase: Dinero en lugar de libertad.

Este hombre casado juega con su amante en un apartamento comprado para ocultarla, no para compartir una vida. Allí le ofrece joyas, telas caras, entretenimiento, pero le niega un nombre y un futuro. Pero en algún momento ocurre la ruptura, ella se levanta, se aleja, deja de cantar y su mirada se fija en el espejo, donde aparece el jardín iluminado: el mundo real, la vida que queda afuera, es el momento exacto en el que la mujer comprende que vive prisionera, y que permanecer es desaparecer.

Mientras veía este cuadro en mi PC (con su respectivo comentario), a mi teléfono “inteligente” llegaba una notificación que tenía que ver con la publicación de una entrevista del 6 de febrero del 2022, hecha al poeta chileno Raúl Zurita por el escritor y periodista cultural colombiano Orlando Oliveros Acosta; comienzo entonces a leerla y enseguida me atrapó la aseveración sobre el hecho de que nunca han estado claros los límites entre la verdad y la mentira… la verdad es la mentira más peligrosa; por la verdad tú matas y eres muerto por ella…

Una entrevista llena de contenido donde resalta, entre otras cosas, la literatura latinoamericana. Allí el poeta habla de su compatriota Roberto Bolaño (premio Rómulo Gallegos 1999) y sus obras Los detectives salvajes y 2666; habla del mexicano, ganador del premio Príncipe de Asturias en las letras de 1983, Juan Rulfo y sus obras Pedro Páramo y El llano en llamas; Resalta a Jorge Luis Borges (argentino, premio en literatura en lengua castellana Miguel de Cervantes, 1980) y su Aleph donde narra el descubrimiento de una esfera de dos-tres centímetros de diámetro en el sótano de la casa de su antigua amada Beatriz Viterbo, ubicada en la calle Garay de Buenos Aires. Este objeto simboliza el espejo y centro de todas las cosas, en el cual todo confluye y se refleja a la vez y sin sobreposición. La cantidad de alusiones es innumerable y bien podría ser el propio universo. El mismo autor propone una analogía con la Divina Comedia de Dante con todo su poder y significado.

Pero Zurita habla también del ganador, en 1982, del premio Nobel de literatura, el colombiano Gabriel García Marquez y sus obras El coronel no tiene quien le escriba y, sobre todo, Cien años de soledad, el texto que por excelencia es considerado como uno de los mejores ejemplos del realismo mágico, donde lo irreal o extraño se muestra como algo común y cotidiano.

Es válido recordar ahora que dicho término fue acuñado por el crítico de arte alemán Franz Roh y que llegó al idioma español en 1925, siendo el gran escritor venezolano Arturo Uslar Pietri, en 1948, quien introdujo el concepto en la literatura cuando reseñó en su ensayo Letras y hombres, que este tipo de narrativa consideraba al “hombre como misterio en medio de datos realistas, una adivinación poética de la realidad”.

Pero lo que más me impresionó de esa conversación es como conectó el autor chileno con Dante Alighieri y su Divina Comedia; Ante la pregunta que el entrevistador le hizo acerca de su afirmación en su libro “Mein Kampf” (1979) publicado durante la dictadura militar en Chile: Construir la vida desde la ficción, desde el sueño la realidad, Zurita respondió: Eso está un poco en Dante Alighieri, en un libro muy corto que se llama La vida nueva. En el último capítulo dice: Si el Sumo Hacedor quiere que mi vida dure algunos años más, espero decir de ella lo que jamás se ha dicho de ninguna”, es decir, Dante, desde la ficción y el sueño, construyó la Divina Comedia, que fue su vida también. Por lo que se trata de construir la vida a partir de una obra, a partir de un gran sueño… ¡Que maravillosa respuesta!

Y continúa diciendo: “La Divina Comedia es un poema absolutamente perfecto. Tiene una estructura y una belleza impresionante. Es un poema tan bello que no sólo le pertenece a la literatura europea, sino que le pertenece a todo. En Latinoamérica están el Infierno, el Purgatorio y el Paraíso de Dante, poco importa que se hayan escrito en la Edad Media…”

Una respuesta ¡increíblemente veraz! El sentir latinoamericano que vibra, se expande, se funde, sufre, cae y resurge… ¡se valora! siendo, quizás, el mayor y mejor ejemplo contemporáneo, lo que acabamos de experimentar el 08 de febrero último pasado, cuando el cantante y compositor puertorriqueño, Benito Antonio Martínez Ocasio, llevó a cabo una performance absolutamente latina en la, por demás, ciudad cosmopolita de San Francisco, una de las más importantes del Oeste norteamericano, ubicada en el estado de California, y por demás influyente a nivel global con su famoso Valle del Silicio o mejor conocido como Silicon Valley.

Centro líder para la innovación y desarrollo de alta tecnología, se calcula que recibe hasta un tercio del total de la inversión del llamado “capital de riesgo” en Estados Unidos, sólo por nombrar algunas de las empresas Hi-Tech que tienen su sede principal allí: Adobe Systems, Altera, Apple Inc., Cisco Systems, Ebay, Electronic Arts, Google, Hewlett-Packard, Intel, Nokia, Microchip Technology Inc., National Semiconductor, Oracle Corporation, Symantec, Synopsys, Veritas Software, Yahoo!, Informática Corporation, Tesla Motors, NVIDIA Corporation, PayPal, Meta, X (Twitter), VMware… y pare uno de contar.

Uno de los momentos más emotivos de esa tarde noche, por lo menos para mí, fue cuando el cantautor, también boricua, Enrique José Martín Morales, a quien se le atribuye haber impulsado el género de la música pop latina al reconocimiento general, allanando el camino para tantos otros, interpretó una canción de su colega y compatriota; En medio de los arbustos-humanos repentinamente se oye su grito, sacado desde lo más profundo de su alma, de denuncia y alarma: me quieren quitar el río y también la playa… Quieren al barrio mío y que abuelita se vaya… (que tus hijos se vayan) … No, no suelte la bandera ni olvide el lelolai… Que no quiero que hagan contigo lo que le pasó a Hawái… Aquí nadie quiso irse, quien se fue sueña con volver… Si algún día me tocara, que mucho me va a doler….

Pero antes la letra de esta composición empieza narrando como a partir de un sueño se canta una realidad: la alarma ante la tragedia de la gentrificación, la del migrante, la de aquel que fue forzado a partir por necesidad (o por obligación) en busca de mejorar su situación y que hoy esa condición, en el actual mundo global, más bien pareciera empeorar…

Mientras reflexiono sobre eso, rescato, una vez más, al poeta chileno Zurita porque en su conversación con el periodista colombiano, habla de musas, de esas musas que narró Hesíodo el griego, uno de los primeros filósofos, contemporáneo a Homero. Son las mismas musas que, siglos después, también Dante invocaría en su poema sacro en, al menos seis oportunidades a lo largo de su periplo ultramundano:

Comienza cantando en el Infierno diciendo: El día terminaba; el aire de la noche invitaba a descansar de sus fatigas a los seres animados que existen sobre la Tierra y sólo yo me preparaba a sostener los combates del camino y de las cosas dignas de compasión que mi memoria trazará sin equivocarse. ¡Oh, Musas! ¡Oh, alto ingenio! Venid en mi ayuda. ¡Oh, memoria que registraste lo que vi!, ahora aparecerá tu nobleza. (Infierno II,1-9).

Una vez más invoca la ayuda, pero ahora en lo más profundo del abismo: … Pero vengan en auxilio de mis versos aquellas mujeres que ayudaron a Anfión a fundar Tebas, para que el estilo no desdiga de la naturaleza del asunto. ¡Oh gentes malditas sobre todas las demás, que estáis en sitio del que me es tan duro hablar; más os valiera haber sido en el mundo convertidas en ovejas o cabras! (Infierno XXXII,1-11).

Dos veces más son solicitadas, una en el mismo inicio del ascenso a la montaña divina y la otra cuando alcanza la cima: Ahora la navecilla de mi ingenio, que deja detrás de sí un mar tan cruel, desplegará las velas para navegar por mejores aguas; y cantaré de aquel segundo reino, donde se purifica el espíritu humano y se hace digno de subir al Cielo. Resucite aquí, pues, la muerta poesía, ¡oh, santas Musas!, pues que soy vuestro. Y realce Calíope mi canto, acompañándolo con aquella voz que produjo tal efecto en las desgraciadas urracas que desesperaron de alcanzar su perdón. (Purgatorio I,1-12).

¡Oh sacrosantas vírgenes! Si alguna vez he soportado por vosotras el hambre, el frío y las vigilias, prestadme en cambio la ayuda que la necesidad me obliga a demandaros. Es preciso que Helicona derrame para mí sus aguas y que el coro de Urania me ayude a poner en verso cosas apenas concebibles. (Purgatorio XXIX,29-42).

Finalmente, durante el viaje atemporal en el paraíso celeste, ya no bastan las musas sino invoca al mismo Dios: ¡Oh, buen Apolo! Haz de mí para este último trabajo un vaso lleno de tu valor, tal como lo exiges para conceder tu laurel amado; pues si hasta aquí tuve bastante con una cima del Parnaso, ahora necesito las dos para entrar en el resto de mi carrera. Entra en mi seno e inspírame el aliento de que estabas poseído cuando sacaste los miembros de Marsias fuera de su piel. (Paraíso I, 1-36).

¡Oh luz suprema que te elevas tanto sobre los pensamientos de los mortales! Vuelve a prestar a mi mente una imagen, aunque sea leve, de cómo te me apareciste, y haz que mi lengua sea tan potente que pueda dejar a lo menos un destello de tu gloria a las generaciones venideras, pues si se muestra algún tanto a mi memoria y resuena lo más mínimo en mis versos, se podrá concebir más tu victoria. (Paraíso XXX, 55-75).

Concluye Zurita que, en la Teogonía de Hesíodo, las musas que se le aparecen al poeta le cantan: “sabemos decir muchas mentiras semejantes a verdades, pero sabemos, cuando lo deseamos, cantar verdades”. Es decir, las musas dictan el poema completo…  y el poeta nunca sabe si lo que está escribiendo es mentira o es verdad…

Cierro retornando a la ciudad donde se encuentra el icónico puente naranja que cruza el estrecho homónimo: El Golden Gate (La Puerta dorada), bautizado así en 1846 por el capitán John C. Frémont (primer candidato a la presidencia de Estados Unidos por el Partido Republicano en su historia), ya que le recordaba el estrecho del llamado “Cuerno de Oro”, el del Bósforo, ubicado en la ciudad de Constantinopla, que une Europa con Asia y para el ex senador, la bahía de San Francisco representaba la unión de América con Asia.

Reafirmo que cierro con esto porque el cierre del evento de la noche del 8 de febrero último pasado, visualizado por más de 130 millones de seres humanos del globo terráqueo (o como diría Dante: L’aiuola che ci fa tanto feroci; Paraíso XXII, 151), terminó con icónicas y memorables frases, como el God Bless América refiriéndose a todo el continente americano, de sur a norte, desde Tierra del Fuego hasta Canadá (sin mencionar Groenlandia), mientras encabezaba un desfile de banderas, y esto a pesar de que el mismo presidente del país más poderoso del mundo, lamentó la dificultad de entender las palabras del cantautor nacido en uno de los catorce territorios no incorporados con estatus de autogobierno del Estado norteamericano.

Una presentación de algo más de 13 minutos de duración realizada en el entre tiempo del deporte más popular e influyente del país y pilar de su cultura e identidad nacional, en la cual Benito, ante la polémica desatada semanas atrás, respondió diciendo que no hacía falta aprender español que era mejor bailar, que divertirse era la verdadera y única preocupación que debían tener porque, al fin y al cabo: “Lo único más poderoso que el odio es el amor“.

Zurita lo reafirma al describir una parte del Canto V del Infierno dantesco donde están condenados los amantes martirizados por un viento huracanado, y en ese grupo hay dos que van de la mano sin separarse nunca, son Paolo y Francesca, y sólo por ese hecho, el de estar condenados mientras van eternamente abrazados, para los dos enamorados el infierno se convierte en paraíso.

Así que, en el mes del amor y la amistad, de fiestas de carnaval con sus máscaras y disfraces, donde sin duda alguna destaca O Carnaval do Brasil que é a maior festa popular do país e maior espetáculo na Terra, el mensaje final, mientras se mostraba a la cámara una pelota de fútbol americano, fue: We Are America, reafirmando inmediatamente después en lengua castellana que: “Seguimos aquí“, porque en un mundo cada vez más globalizado, el reto es estar y mantenernos unificados y respetados en la diversidad.

Lo del 8 de febrero último pasado, pasará a la historia como una de las actuaciones y puestas en escena con mayor simbolismo y significado en la historia de la NFL al punto que, se llegó a afirmar que lo hecho esa noche por Bad Bunny, representó a todos los que sueñan, y soñamos, que el arte… la cultura puedan cambiar algo… Ya desde la Argentina nos lo cantaba Mercedes Sosa, la gran compositora, en su canción publicada en 1984, como parte del álbum ¿será posible el sur?:

Cambia lo superficial, cambia también lo profundo, cambia el modo de pensar, cambia todo en este mundo… Cambia el clima con los años, cambia el pastor su rebaño, y así como todo cambia que yo cambie no es extraño… Cambia el más fino brillante, de mano en mano su brillo, cambia en el nido el pajarillo, cambia el sentir un amante, cambia el rumbo el caminante, aunque esto le cause daño, y así como todo cambia que yo cambie no es extraño.

Cambia el sol en su carrera cuando la noche subsiste, cambia la planta y se viste de verde en la primavera, cambia el pelaje la fiera, cambia el cabello el anciano, y así como todo cambia, que yo cambie no es extraño.

Pero no cambia mi amor, por más lejos que me encuentre, ni el recuerdo ni el dolor de mi pueblo y de mi gente, y lo que cambió ayer, tendrá que cambiar mañana, así como cambio yo en estas tierras lejanas… ¡Porque el Amor siempre será más fuerte que el aborrecimiento y el rencor!


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