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E intanto il tempo se ne va…

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11.02.2026

Por Mariano Palazzo Febrero, 2026

Con este clásico de la música italiana comienzo mis palabras del artículo de esta semana, y lo hago usando el título de la top 2 de 1980 del mítico cantante Adriano Celentano ¿la razón? Bueno porque en estos primeros días del año vaya de cosas que están y han pasado, y otras tantas de las cuales nos hemos enterado y que, personalmente han hecho que reflexione sobre el inexorable paso del tiempo y sus cambios.

Cuántas noticias hemos recibido, cuantos acontecimientos hemos experimentado, cuantos virajes hemos vivido que nos han llenado de un sinfín de emociones, desde la alegría más inmensa hasta tristezas profundas acompañadas de tragedias, y como lo planteé en mi anterior entrega, todo esto lo que ha provocado es que me ha llenado de incertidumbres, expectativas y mucha ansiedad para el devenir inmediato.

Una montaña rusa de sentimientos es lo que estamos viviendo y lo único que nos queda es aferramos a la sabiduría popular y tener fe que: “Il buongiorno si vede dal mattino”. Un proverbio de origen campesino que simboliza el momento cuando el alba se hace presente, esa claridad justo antes de que el sol se haga visible que nos indica del como muy probablemente se desarrollará la jornada, por lo que concluimos que si así empezó enero pues ya podemos prever que nos presagian los meses venideros. Algo parecido a lo que le sucedió al Dante peregrino justo al inicio de su camino: Empezaba entonces a amanecer, y el sol se levantaba rodeado de las mismas estrellas que le acompañaron cuando el amor divino creó tan bellas cosas que la esperanza me devolvió (Infierno I, 37-41) 

Regresando a la canción interpretada por el Molleggiato (como se le conoce también al Celentano), también yo expreso sorpresa y confusión ante el paso del tiempo y los cambios que estoy viviendo, que parecieran definitivamente marcar el fin de una era y el inicio de una nueva, y al igual que el cantante tengo dificultad en aceptar todas las intrigas y secretos que se van develando con este inexorable devenir alrededor de mi existir, aunque tengo que ser sincero paralelamente también estoy disfrutando, y mucho, el momento de transición que lleva a un ser humano a pasar de una condición de padre a abuelo, compartido además con el de ser siempre hijo/a.

Pluralizo mi preocupación y la considero por demás legítima ante las complejidades que enfrentamos y enfrentaremos con el paso del tiempo en nuestro sufrido y amado territorio ubicado al norte del sur. Un tiempo, que dicho sea de paso va por demás acelerado, y sin darnos cuenta siquiera, ya estamos en el segundo mes del año y lo que fue y sucedió en el 2025 ya parece un remoto pasado.

Al momento de escribir esto, ya nos encontramos en pleno febrero; los treinta y un días de enero llegaron y se fueron casi volando. Un suspiro fue el primer mes del 2026 y mientras en esto divagaba me surgió una curiosidad que me llevó a hurgar en el origen del mes que acaba de concluir; ¡sí! Efectivamente quise saber ¿por qué nosotros empezamos a contabilizar el paso del tiempo con el mes de enero?

Encuentro un escrito firmado por Jesús Gerardo Treviño Rodríguez titulado: Etimología de enero, y leo que este primer mes del año cuenta con 31 días según el calendario gregoriano que está vigente desde 1582. Un poco confuso al leerlo, trato de entender que significa esta afirmación y consigo otro escrito que dice que actualmente están vigentes hasta ¡cuarenta calendarios! siendo siete los más usados: el gregoriano, el judío, el islámico, el hindú, el chino, el juliano y el persa y, por si fuera poco, estos a su vez se agrupan en tres tipos: Solar, lunar y mixto (solar/lunar).

Vaya paradigma que acaba de implosionar en mi cabeza: yo creyendo toda mi vida que mi tiempo cronológico (y el de todos) se medía de una sola manera: 12 meses al año (Enero-Febrero-Marzo-Abril-Mayo-Junio-Julio-Agosto-Septiembre-Octubre-Noviembre-Diciembre) que suman 365 días (agrupados en 4 estaciones: Invierno-Primavera-Verano-Otoño y/o seco-lluvioso para los países que estamos más cerca de la línea ecuatorial), 7 días a la semana (Lunes-martes-miércoles-jueves-viernes-sábados-domingos) cronometrados en 24 horas cada uno, y estás a su vez fraccionadas en 60 minutos donde cada uno consta de 60 segundos y así… Ahora resulta que los 57 años que acabo de cumplir, han sido calculados según uno de los tantos sistemas calendarios: el llamado calendario gregoriano, que pertenece al tipo solar que se basa en la rotación de la Tierra alrededor del Sol.

Con la mente “un poco perdida en el espacio” sigo leyendo y encuentro que el calendario islámico forma parte del grupo lunar, es decir, se organiza según las fases de la Luna, y al centrarse en los ciclos de nuestro único satélite natural hace que este calendario tenga entre 354 y 355 días, lo que hace que los meses se desplacen gradualmente a lo largo de las estaciones.

Finalmente, el tercer grupo de calendarios, es decir los del tipo lunar/solar intentan combinar ambos........

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