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El fracaso de la JEP

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26.09.2026

Fui –y sigo siendo– partidario del proceso de paz que llevó a la desmovilización de las Farc en 2017. Creo que fue la manera de tenderle a esta guerrilla, en palabras de los grandes maestros de la negociación, un “puente de dorado” para que pudieran hacer lo que nadie pensó que fuera posible: rendirse.

En esto el proceso de paz fue exitoso. Las Farc ya no existen como organización insurgente de inspiración marxistaleninista con vocación revolucionaria y con la capacidad estratégica de obtener el poder político. Durante más de tres décadas –desde principios de los años ochenta cuando el desacertado proceso de paz de Belisario las catapultó– las Farc fueron el principal factor de desestabilización del país. Su existencia engendró el monstruo paramilitar. Las nuevas generaciones, las que crecieron a principios del nuevo milenio, no saben lo cerca que estuvo Colombia de convertirse en un estado fallido. Por poco fuimos la Somalia de Suramérica. 

Esto se revirtió con la política de seguridad democrática de Uribe. Ante el escepticismo de muchos el Estado colombiano demostró que tenía la capacidad para someter a una insurgencia obrando dentro del marco constitucional de una democracia liberal. Solo naciones con instituciones sólidas han logrado resultados similares. Fue el caso de Gran Bretaña con el IRA o España con ETA. Y sí, hubo excesos, no del todo extraños en estas situaciones. Los falsos positivos fueron identificados y sus responsables castigados. Un simple cálculo contrafactual de una Colombia sinseguridad democrática hubiera arrojado un aumento de por lo menos 25% en el número de muertos durante el periodo de 1998 a 2012. La seguridad democrática de Uribe les salvó la........

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