menu_open Columnists
We use cookies to provide some features and experiences in QOSHE

More information  .  Close

Sin el centro como fiel de la balanza, esta campaña fue inédita

20 0
20.06.2026

Estas elecciones se parecieron muy poco a las anteriores. Hubo un magnicidio, un ecosistema informativo dominado por influencers, poca relevancia de los partidos y cero debates entre candidatos. Pero un hecho —por encima de los demás— hizo la diferencia: el centro ideológico dejó de ser el fiel de la balanza. Su irrelevancia política cambió la contienda.

Desde que la segunda vuelta se volvió una posibilidad real en Colombia, la campaña entre los dos finalistas solía consistir en seducir a los votantes que habían quedado huérfanos después de la primera vuelta. En 2010, Juan Manuel Santos tuvo que recoger al uribismo, a los conservadores y a los sectores que no se habían ido con Antanas Mockus. En 2014, Óscar Iván Zuluaga y Santos se disputaron a los votantes de Marta Lucía Ramírez, de Clara López y del centro. En 2018, Sergio Fajardo quedó a menos de 300 mil votos de pasar a segunda vuelta y sus 4,6 millones de votos se volvieron el botín principal. En 2022, aunque Federico Gutiérrez no representaba el centro, sus casi cinco millones de votos fueron determinantes para alinear el antipetrismo alrededor de Rodolfo Hernández.

Esta vez no fue así. Iván Cepeda y Abelardo de la Espriella sumaron el 85 por ciento de los votos en primera vuelta. No solo dejaron al centro ideológico reducido a una expresión mínima, sino que también achicaron el espacio del voto bisagra visible. La segunda vuelta, en la práctica, se adelantó a la primera.

Esa votación demostró que Colombia está dividida en dos. Una parte del país aprueba la gestión de Gustavo Petro porque sintió una mejora concreta en su vida: recibió un subsidio, mejoró su ingreso con el alza del salario mínimo, vio aumentar el sueldo de los soldados, celebró la formalización de las madres comunitarias o de los practicantes del Sena, consiguió un contrato pequeño con el Estado o sintió por primera vez una presencia estatal en su territorio que no le representaba una amenaza. Incluso, porque recibió una parcela de tierra o porque su cultivo, legal o ilegal, no fue erradicado. O, quizás más importante, porque sintió que el presidente hablaba a nombre de él o ella en sus discursos y........

© La Silla Vacía