El fin de la deferencia hacia las élites colombianas
Columnista invitado: Luis Gabriel Galán Guerrero, profesor de la Universidad de los Andes y doctor en Historia de la Universidad de Oxford.
Con el cierre de la campaña presidencial, considero que se ha consolidado un hito reciente en la historia del país que denominaré como el ‘fin de la deferencia’ hacia las élites políticas y económicas. Comandar cierta ‘deferencia’, entendida como el respeto hacia los ‘superiores’ y la aceptación de la jerarquía social, ha sido un atributo consustancial al carácter y formación de muchas élites en la historia, que, con frecuencia, han considerado natural su lugar privilegiado en la sociedad y su ‘derecho’ a mandar.
Pero, nuevamente, con el dominio de dos populismos anti-establecimiento en Colombia, que cautivaron cerca del 90 por ciento del electorado desde la primera vuelta, esa deferencia elitista parece haber llegado a su fin.
Este fenómeno no es nuevo en América Latina. Las palabras de Shakespeare citadas por Stefan Zweig en El mundo de ayer – quien vivió en carne propia el éxodo de la Austria nazi – pudieron haber sido redactadas por algún arruinado latinoamericano obligado a acomodarse ante las oleadas de inmigrantes europeos, gobiernos populistas y dictaduras militares del siglo veinte: ‘El sol de Roma se ha puesto. Nuestro día murió.’
En Europa, este dilatado ocaso se extendió, con meridiana claridad, desde la era de las revoluciones hasta la Primera Guerra Mundial. Los estamentos aristocráticos se derrumbaron con los embates de la industrialización – el quiebre de las relaciones rurales comunitarias, en particular – la industrialización y nuevas formas de riqueza, la ampliación del sufragio que incluyó a nuevos electores y distritos electorales, el surgimiento de partidos socialistas y sindicatos, y las trincheras de Verdun y La Somme. La Gran Guerra, así........
