De la payola a la vergüenza indeleble
Leyendo las noticias tragicómicas de la política, llega a la mente Don Miguel de Cervantes Saavedra, autor de El Quijote de la Mancha, quien entendió hace más de cuatro siglos algo que todavía no logran comprender muchos aspirantes a puestos de elección popular y cargos públicos: el poder no vuelve sabio ni rico a nadie; apenas desnuda lo que ya eran.
Entre aventuras maravillosas, diálogos sabios, molinos confundidos con gigantes y situaciones cargadas de humor, el Manco de Lepanto terminó escribiendo uno de los tratados más profundos sobre la moral pública, la ética y las miserias humanas.
Porque El Quijote no es solo una novela sobre un loco entrañable. Es, también, una advertencia.
En uno de los episodios más memorables, don Quijote convierte a Sancho Panza en gobernador de la Ínsula Barataria. Y allí ocurre el milagro literario: el hombre más simple, más sencillo, más humano y menos letrado termina dictando cátedra y dando lecciones de justicia, sensatez y decencia a muchos de los que hoy serían “doctores”, ministros, congresistas y funcionarios públicos, que jamás han podido aprender ni pagando maestrías o, como alguno dijo, “estudiando........
