Desarmar el lenguaje: educar para el diálogo y la paz
Ante el Congreso de los Diputados, en Madrid, el papa León XIV pidió hace pocos días algo que en Colombia suena casi a contrasentido: desarmar el lenguaje. Lo dijo pensando en Europa, pero la frase cruza el Atlántico sin escalas y aterriza en un país que ha firmado la paz sin haber aprendido del todo a vivirla. La pregunta incómoda que dejó -¿qué idea de ser humano inspira nuestras decisiones y qué clase de sociedad construyen?- no interpela solo a quienes legislan o gobiernan. Interpela, y con especial fuerza, a quienes tenemos la tarea de formar a las próximas generaciones, porque si hay un lugar donde el lenguaje se arma o se desarma, donde se aprende a convertir al que piensa distinto en enemigo o en interlocutor, ese lugar es el aula de clase. La tesis del pontífice es sencilla y exigente: la dignidad de la persona precede al Estado y no puede quedar subordinada al vaivén de las mayorías de cada momento. Trasladada a la universidad, esa convicción tiene una consecuencia directa. Educar no es entrenar para ganar discusiones,........
