La esperanza: sentido y responsabilidad
Hablar hoy de esperanza puede sonar casi ofensivo. Mientras en distintas regiones del mundo la guerra sigue arrasando vidas, el deterioro climático castiga con mayor crudeza a los más vulnerables, millones de personas padecen hambre y persisten discriminaciones por etnia, género, religión o ideas políticas, invocar la esperanza parece, para algunos, un acto de ingenuidad. Para otros, una mentira piadosa. Y para otros más, un escapismo emocional o un opio espiritual para soportar la dureza del presente.
La objeción merece ser tomada en serio. Porque si la esperanza consistiera en negar la realidad, en endulzar el sufrimiento o en repetir frases tranquilizadoras mientras la historia sigue dejando víctimas, entonces no solo sería........
