Las 130 toneladas de solidaridad
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Apenas abrimos la Galería de la Plaza de la Paz como centro de acopio para apoyar a los damnificados por el terremoto, una niña de solo cinco años se acercó con una bolsa en la mano y me dijo: “Toma, esta es mi merienda de hoy para el Chocó”. En el brillo de sus ojos entendí que no estábamos entregando simples suministros; estábamos alimentando la esperanza y dando un buen ejemplo a esta nueva generación.
A partir de ese instante, el desfile de afectos fue interminable. Nos conmovió profundamente ver la llegada constante de familias humildes de nuestros barrios que, tras presenciar en televisión la tragedia del Chocó, venían con el corazón en la mano a entregar alimentos, medicamentos y ropa. No daban lo que les sobraba; compartían lo poco que tenían con una generosidad conmovedora.
Llegó una........
