Recordar para no repetir, por Diego García-Sayán
Un país democrático no se construye —ni fortalece— escondiendo sus heridas, sino mirándolas de frente. Los museos y lugares de memoria son, en ello, fundamentales. Lo han sido, por ejemplo, en Alemania luego de la Segunda Guerra Mundial y del horror del nazismo. Entre monumentos que proliferan por todo Berlín y exposiciones crudas pero fantásticas como la impactante y didáctica “Topografía del Terror”, en el subsuelo de una céntrica plaza de Berlín, la sociedad alemana sabe bien cuáles son los horrores que no puede permitir se repitan.
Visité esa exhibición —y muchas otras— invitado hace algunos años por el gobierno federal, que deseaba que conociera la experiencia museística germana de posguerra. Ese gobierno había colaborado con recursos económicos para iniciar el diseño y construcción del LUM.
¿El contexto? Se me había asignado la responsabilidad de encabezar el valioso equipo que haría el diseño final del Lugar de la Memoria (LUM). Tuve el honor de tomarle la posta nada menos que a Mario Vargas Llosa, admirado escritor y amigo, quien había venido encabezando certeramente el equipo fundador hasta entonces.
PUEDES VER: Beingolea´s LUM. ¿Para qué lo quiere?, por Mirko Lauer
PUEDES VER: Beingolea´s LUM. ¿Para qué lo quiere?, por Mirko Lauer
Los museos de la memoria no existen para prolongar odios ni para imponer una versión oficial de la historia. Su función es exactamente la contraria: preservar hechos, documentos y testimonios; reconocer a las víctimas; estimular una reflexión........
