La presunción de inocencia, un pilar básico
Vivimos en una época en la que acusar públicamente a alguien se ha convertido en un acto casi automático. Basta un micrófono, una cámara o una red social para lanzar una acusación grave, con la seguridad de que el daño ya estará hecho antes de que nadie tenga tiempo de comprobar los hechos. El reciente episodio protagonizado por Sarah Santaolalla y el periodista Vito Quiles es un ejemplo inquietante de esta deriva.
Santaolalla denunció haber sido agredida y anunció incluso que ampliaría la denuncia tras acudir al hospital. La acusación fue difundida inmediatamente y presentada por muchos como un hecho indiscutible. En cuestión de horas, la maquinaria habitual se puso en marcha: condenas públicas, linchamientos digitales y titulares que ya habían decidido quién era el culpable.
Pero la realidad judicial suele ser menos cómoda que el relato mediático. Cuando el caso llegó a los tribunales, una jueza rechazó la orden de alejamiento solicitada contra Quiles al no apreciar elementos suficientes que justificaran esa medida cautelar. La decisión no determina todavía qué ocurrió exactamente, pero sí........
