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La llamada más sencilla

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tuesday

Hay tragedias que ocupan portadas, abren informativos y provocan declaraciones solemnes. Y hay otras que suceden en silencio, detrás de la puerta de un piso donde nadie llama, donde el teléfono permanece mudo y donde pasan los días sin que una sola persona pregunte: “¿Cómo estás?”.

La soledad de nuestros mayores es una de esas tragedias. Quizá una de las más crueles, porque no mata de golpe. Desgasta. Primero desaparecen las visitas; después, las conversaciones; más tarde, las ganas de salir, de arreglarse, de esperar. Hasta que la vida queda reducida a una sucesión de días idénticos en los que nadie parece echar de menos a nadie.

Y todo esto sucede en una sociedad que presume de progreso, solidaridad y comunicación permanente. Tenemos teléfonos capaces de localizar a cualquier persona en cualquier lugar del mundo, redes sociales que nos permiten saber qué ocurre a miles de kilómetros y dispositivos que nos avisan de cualquier acontecimiento en cuestión de segundos. Pero, demasiadas veces, somos incapaces de hacer la llamada más sencilla: la que pregunta a nuestros padres, a nuestros abuelos o a aquel vecino mayor si necesitan algo.

Miles de personas mayores comen solas, cenan........

© La Región