Aquella foto con Caro
Año 2016. Con los últimos coletazos de una veintena irracional, paseo por la arena de Ipanema, asido de la garota a la que le canta Tom Jobim. Llevo varias semanas en Río coleccionando los vasos que el “merchandising” ha pintarrajeado con el icono los agones olímpicos y calibrando el número de chopes que puedo seguir hincando. El estadio de Copacabana es mi hábitat. Muchos me saludan. Sin saberlo, estoy configurando los recuerdos más felices de mi vida. Antes de que los portugueses descubrieran Brasil, Brasil ya había descubierto la felicidad.
El 19 de agosto está marcado en rojo. Una joven de la misma bandera que la que llevo anudada juega la final del bádminton en Barra da Tijuca. Toño, el padre de mi mejor amigo, también está allí para verlo. Hace una semana tuve que asistirlo en cuatro interminables horas de tenis de mesa, aturdido por una resaca criminal, pero ahora el éxtasis es mutuo. Carolina Marín es........
