No solo una sombra
Las magnitudes importan. No nos resulta tan fascinante observar la sombra de un mosquito pasando por delante de un flexo, que la de la luna ocultando el sol. Pero tampoco es solo una cuestión de tamaños: el día y la noche, que experimentamos en cada jornada, es una suerte de enorme eclipse al que estamos de sobra acostumbrados, por lo que ya no nos asombra. Puedo imaginar perfectamente el desconcierto de Adán y Eva en la primera noche de la historia de la humanidad. Y puedo imaginar a Eva, en tinieblas, con el mamut a medio cocinar, gritando: “Adán, ¿qué demonios has tocado esta vez?”. Pero es algo que ocurre cada noche. La posibilidad de contemplar un eclipse total en nuestra tierra es algo que sucede de media cada 350 o 400 años.
De modo que lo que hace extraordinario el eclipse solar del próximo 12 de agosto es que es eso, extraordinario. Nos encantan la mayoría de las cosas que solo van a ocurrir una vez en la vida.........
