¡Hasta luego Mari Carmen!
Mari Carmen nunca fue la primera opción de nadie. Y nunca soportó el trato condescendiente de los señores de los bares. De los señores en general. Mari Carmen era más lista. De poco le servía una aventura donde solo una de las dos personas llegaba a un estado placentero. Casi siempre a medias. Como tomarse una cerveza sin espuma. Una tortilla sin cebolla.
Como decir te quiero y que te respondan gracias.
Tenía el pelo rubio, más rubio que las actrices de Hollywood. Más rubio en verano. Más rubio que las pititas que huelen a coco y anís.
Mari Carmen era así, concluyente en la manera donde el qué dirán suena como una promesa política: a vacío. A futuro improbable.
Al llegar a los treinta ni........
