Las muertes se mueren cuando uno muere
Me levanto del tálamo bostezando reiteradamente. Cuando era niño lo hacía con asiduidad, y mi abuela, sonriendo con expresión de ternura, me decía al oído: “Fame, sono ou ruindade do dono”. Sin embargo, en mi caso creo que es el espíritu clandestino del Viejo Milenario que, tratando de fastidiarme, a la menor oportunidad me obstruye el camino, introduciendo elementos agresivos que impiden que me desplace con seguridad. Creo que lo hace para vengarse de su desagradecido creador. Lo he comprobado hace apenas cinco minutos, cuando un objeto normalmente pasivo cobró vida para hacerme una zancadilla que dio con mi cuerpo en el suelo, provocando la alarma de mis seres queridos. Sin duda, mi heterónimo es cruel y rencoroso. Después de unos largos diez minutos, recobro el equilibrio impulsado por el insistente pitido del móvil, que........
